JUGADA MAESTRA: Eliminando a la competencia
En Jugada maestra, cuyo título original es How to make a killing, es decir, ‘Cómo hacerse de oro con rapidez’, Becket Redfellow (Glen Powell) le cuenta su historia al Padre Morris (Adrian Lukis) desde su celda de la cárcel en la que espera que en pocas horas se haga efectiva su pena de muerte como culpable de asesinato. Pero Becket, que no niega el cargo del que se le acusa, quiere aclararle al Padre que en realidad lo es pero por otro motivo, no el que se le ha adjudicado en el juicio. Y comienza a contarle su vida desde que sus padres se conocieron, porque es ahí donde todo comienza.
Becket relata cómo su joven madre se queda embarazada de él a los 18 años, noticia que su abuelo (Ed Harris) no recibe precisamente bien y la obliga a abortar o a que se marche de casa. Adivinad qué hizo su madre. Lo tuvo y siendo Becket un niño ella muere, no sin antes hacerle prometer que luchará por la vida que merece tener. Y ésta no es otra que la del niño rico de la familia adineradísima de la que fue expulsado antes de nacer.
Becker crece y cuando su día a día da un giro que lo deja en la calle, decide que es el momento de acercarse a esa familia, que en realidad no lo conoce, y empezar a poner en marcha un plan para ir eliminando a la competencia que lo mantiene alejado de ese dineral que tendría que ser suyo. Y esa competencia no es otra que sus propios primos. Hasta ir llegando a ese abuelo que lo condenó. Pero poco a poco. Uno a uno. Y no parece dársele mal…
Jugada maestra es un thriller empaquetado en un envoltorio de comedia que resulta de lo más entretenida. No inventa nada, sus giros son muy simples, nada enrevesados, pero es una cinta que funciona muy bien y que sabe utilizar los elementos del género para darle al público un producto solvente del que salir del cine con una sonrisa.
Un reparto que cumple con acierto, con Glen Powell a la cabeza, un actor que apunta a estrella (Top Gun: Maverick, Cualquiera menos tú, The running man) pero que cuenta con más carisma que talento, cosa que tampoco está nada mal porque es importante transmitir personalidad en la gran pantalla, y una Margaret Qualley que, de nuevo, es el centro de todas las miradas, aunque no tenga el protagonismo de la película. Es una excelente intérprete y también tiene un carisma espectacular, por lo que su presencia en cualquier título no pasa desapercibida. Debió haber sido nominada al Oscar por La sustancia pero aún sin lograrla se ha convertido en un rostro que ofrece garantías de que la película que cuenta con ella lo hace porque le ha visto algo interesante al proyecto. Y cuando vemos el resultado entendemos por qué lo aceptó.
Jugada maestra es, por lo tanto, la prueba de que ha vuelto a acertar. Otra cosa es que la película tenga éxito, algo complicado en estos tiempos de saturación en la cartelera y de aleatoriedad en las obras que el público elige ir a ver. Pero la cinta tiene madera para hacer las delicias de los espectadores, para enganchar con la historia de un asesino que en realidad nunca quiso serlo pero que se ha visto obligado por las circunstancias de su vida. Una película con la que reír ante el surrealista día a día de un tipo que no es más que un hombre común que se encuentra con el reto de recuperar lo que le pertenece de la manera más extrema posible. Un film con el que pasar un buen rato en el cine y salir pensando que aún hay comedias por las que vale la pena salir de casa en lugar de esperar a que lleguen a una plataforma.
Silvia García Jerez

