28 AÑOS DESPUÉS: EL TEMPLO DE LOS HUESOS
28 años después: El templo de los huesos llega a nuestras carteleras medio año después de su predecesora, 28 años después, de la que ésta que ahora se estrena es clara continuación, a la espera de que Danny Boyle concluya la trilogía… en breve. Pero ya son cinco películas, junto a 28 días después (2002) y 28 semanas después (2007) las que Boyle ha creado sobre unos zombies que no se parecen a otros que hayamos visto previamente. Son únicos y se lo agradecemos.
Cinco películas divididas en dos y tres, un universo que comenzó de la mano de Cillian Murphy despertando en un hospital 28 días después de que empezara la infección en un Londres vacío, desierto, con un montón de basura por la calle como única compañera de asombro. A ella le siguió una secuela dirigida por Juan Carlos Fresnadillo, un director canario que en el momento de hacerse cargo de la cinta estaba en la máxima popularidad de su carrera. Y muchos alabaron más su trabajo que el Danny Boyle en la película previa a la suya. No fue mi caso, pero eso ocurrió.
Y el pasado año nació una nueva trilogía de la que parecía que sería cierre de la anterior entrega. Pero no lo fue porque se rodaron las dos primeras seguidas. 28 años después es continuación de las dos anteriores pero Danny Boyle, de nuevo al mando de la cinta, planeó ya una trilogía para los ’28 años’. Así que cuando acabe la que ahora se estrena veréis que su final es abierto, aunque cierre esta entrega, para dar paso a la última cuando la tenga lista.
28 años después: El templo de los huesos la dirige, bajo la supervisión de Danny Boyle en la producción, Nia DaCosta, responsable del Candyman de 2021 o de The Marvels en 2023. Ahora, de la mano de Boyle y del guionista Alex Garland, que escribió el origen de esta saga y que ha firmado también obras como Ex_Machina o Civil War, se adentra en el género del terror desde una perspectiva tan inusual como fascinante.
En 28 años después: El templo de los huesos, vamos a situarnos una vez más en el mundo postapocalíptico en el que ya estábamos, ese en el que los humanos no infectados se han aislado de los zombies, pero en esta entrega los zombies aparecerán poco. Muy poco. Apenas nada. Aún así seguirá siendo una película de zombies pero en este caso Alex Garland, nos muestra en su guión en qué se ha convertido el mundo, en concreto la sociedad en la que nos adentramos en la anterior, porque los zombies lo han invadido todo. Es decir, no es una película tradicional de zombies, es una historia sobre la humanidad, que está como está porque hay zombies en el mundo. Y sólo quedan resquicios de lo que un vez fue la humanidad en la piel del doctor Kelson (Ralph Fiennes), un hombre obsesionado por las medicinas y sus efectos, tanto en los no infectados como en los que sí lo están.
Uno de los relatos del 28 años después: El templo de los huesos va a estar ligado a él y a sus resultados como creador de las medicinas que es capaz de producir. Por ejemplo en Samson (Chi Lewis-Parry), un visitante que recibe y al que estudia concienzudamente. Pero también vamos a seguir los pasos de Jimmy Crystal (Jack O´Connell), líder de una especie de secta a la que llegaba Spike (Alfie Williams) en la entrega anterior. Un grupo poco acogedor visto desde fuera y aún menos recomendable si se pertenece a él, en el que todos los integrantes reciben, al ser aceptados, el nombre de Jimmy, junto a un apellido que lo diferencie de los demás. Dos historias que corren paralelas en este universo espeluznante que Alex Garland y Danny Boyle han logrado crear.
28 años después: El templo de los huesos da, inclusive, un paso más allá. Una película de género que ofrece una vuelta de tuerca al llevarlo a un lugar en el que los zombies no habían visitado hasta ahora, un sitio en el que la violencia es implacable y sólo el más fuerte y el que mejor sabe luchar sobrevive.
Esta nueva entrega es una prueba de valentía innegable por parte de sus autores. El guión es audaz, adentrándose en una oscuridad incómoda para el espectador; la dirección de Nia DaCosta es asombrosa, ya que ha rodado escenas que una vez vistas se quedarán en el imaginario colectivo, como ese baile místico y tenebroso que protagoniza Ralph Fiennes en un momento tan brillante que ha sido destacado en el cartel de la película; y los actores, protagonistas y secundarios, están en un estado de gracia tal que no se puede sino alabar el resultado de su trabajo.
Ralph Fiennes y Jack O´Connell son los intérpretes más destacados de un reparto que brilla de una manera muy sólida. Dos actores impresionantes que nos lo hacen pasar uno muy bien y el otro muy mal, porque así son sus personajes. Un héroe y un villano que se complementan a la perfección. Ninguno de los dos tiene el más mínimo escrúpulo a la hora de aparecer en la pantalla con una estética muy distinta a la que estamos acostumbrados a verlos, sobre todo Ralph Fiennes, que repite con su yodo por el cuerpo por lo que ya explicó en la película previa a ésta, pero es que además se atreve, en una cinta de gran estudio, a afrontar un desnudo integral frontal, cosa que ya ha hecho más veces pero no en un título de terror, el género más popular entre los jóvenes, ni en uno con previsiones importantes de taquilla. Y, por supuesto, tiene ese baile brutal en el que nos aterroriza tanto como a sus espectadores en el film. No todos los actores de más de 60 años, con un prestigio innegable y merecido en sus carreras, se atreven a llevar hasta esos límites un personaje, pero él está ya muy por encima de detalles superfluos que, de negarse a hacer, rebajarían la intensidad del resultado.
El único fallo que puede encontrársele a 28 años después: El templo de los huesos es una cierta irregularidad de ritmo en el tramo central de la historia. Un pequeño valle en el que la trama decae justo en el momento en el que empezamos a unir las piezas de un puzzle que no sabemos inicialmente a qué corresponde y cómo juntar. Pero es tan escaso ese declive que enseguida vuelve a subir la grandeza de cuanto estamos viendo y nos sigue dejando fascinados el conjunto de decisiones tanto de guión como visuales que tiene la película. No hemos visto nada igual y nos alegramos de que este equipo creativo sea tan brillante como para ofrecernos una nueva perspectiva en una temática que no por ser entretenida deja de estar tan manida.
Eso sí, queremos advertir de la dureza de muchas de sus imágenes. 28 años después: El templo de los huesos es una experiencia un tanto extrema, sobre todo para quienes no están muy acostumbrados a ver cine gore explícito. A ver a un grupo de personas haciéndoles burradas a los humanos a los que torturan en una especie de recreación de La naranja mecánica con una estética que remite a la de El pueblo de los malditos.
Hecha la advertencia, sólo podemos recomendar una película única dentro de un universo que también lo es, que se ha expandido de una forma admirable y que ha dado un giro aún más adulto que la entrega anterior a sus planteamientos iniciales. Una película apabullante en la que la mayor amenaza no van a ser los zombies sino los seres humanos en los que cada vez queda menos humanidad.
Silvia García Jerez

