NOUVELLE VAGUE: Homenaje a Jean-Luc Godard

el otro film para muy cinéfilos de Richard Linklater para 2025
Nouvelle Vague, aunque se estrene el 9 de enero de 2026, es el segundo trabajo que el director Richard Linkater tenía listo para que viéramos en 2025, junto a Blue Moon, protagonizada por Ethan Hawke. Y eso es algo admirable porque aunque ambas han dado resultados dispares son dos producciones de gran calado en la industria del séptimo arte por lo que suponen, tanto en sus argumentos como en la línea de estrenos a la que estamos asistiendo. Y es que no todos los directores están dispuestos a contarnos, y mucho menos en dos proyectos seguidos, los intríngulis de ese ‘detrás de las cámaras’ que tanto nos gusta a muchos espectadores.
Y es que Blue Moon cuenta, en la piel de Ethan Hawke y en clave de obra teatral en un solo escenario, el bar al que suele ir su personaje, el origen de los últimos días de Lorenz Hart, letrista estadounidense que formó pareja artística con Richard Rodgers y entre los dos compusieron algunos de los temas clásicos más icónicos del Broadway de los años 20 y 30, como el tema que da título a la película. Linklater pone el foco en la noche en la que se estrenó el musical Oklahoma! (1943; la película llegaría en 1955), que supuso el principio del fin para Hart, un hombre destrozado por el alcoholismo y su salud mental, que veía cómo su compañero de composiciones musicales se desligaba de él para unirse a Oscar Hammerstein, con quien formaría un dúo incluso más famoso que el logrado con Hart gracias a obras como El rey y yo o Sonrisas y lágrimas, que también serían adaptadas a la gran pantalla.
Blue Moon es, más que una película, una experiencia para los espectadores más cinéfilos de la sala, para aquellos que conocen muy bien los musicales del Broadway clásico y del cine que lo inmortalizó, además de los nombres de los creadores que los hicieron posible. La verborrea constante de Lorenz Hart puede restarle interés al conjunto y acabar haciéndose muy pesada, pero no puede negarse que Richard Linkater no demuestre con Blue Moon un amor mayúsculo hacia el autor, hacia su universo y al género musical en su más intima dimensión.
No contento con esta lección de teatro dentro del cine, Richard Linklater nos ofrece en este inicio de año otra que también ahonda en las entrañas de este arte, pero ahora del cine dentro del cine. Otro ejercicio superlativo de adentrarse en lo que las cámaras no muestran porque están grabando la película que veremos.
Nouvelle Vague tiene como valor añadido, para un cinéfilo nacido en Texas como es Richard Linklater, el mérito de situar su proyecto en una generación de cineastas europeos que crearon la corriente que da título a la película. Pero es que lejos de generalizar y de hacer algo parecido a un documental exponiendo con detalle a cada uno de los directores que formaron parte de ella se acerca a uno en concreto, el más representativo con permiso de François Truffaut o Claude Chabrol, para contarnos cómo Jean-Luc Godard llevó a cabo el rodaje de Al final de la escapada (Á bout de souffle) en 1960.
En blanco y negro, como se hizo dicho film, con un ratio de 1:37:1, que es el mismo de la icónica película homenajeada -el formato cuadrado que tenía también Casablanca-, no puede Linklater dedicarle mayor carta de amor al cine. Demuestra estar rendido a él, no importa la nacionalidad, no son cineastas norteamericanos pero él loa admira y los hace partícipes de su propia filmografía.
Y además, de la forma más bonita posible, presentando ante la cámara a cada director y a cada miembro del equipo que realizaría la película más importante de ese movimiento. A cada uno le da su espacio, y deja claro quién es quién con su nombre real ante el actor más parecido posible a quienes interpretan. Un regalo para los amantes de un cine que está en la Historia pero que necesita, más a menudo de lo que queremos reconocer, ser reivindicado.
Nouvelle Vague comienza presentándonos a sus integrantes, un conjunto de directores franceses que comenzaba a cambiar las cosas, que llegaba con fuerza con una narrativa diferente, con una frescura que se estaba reconociendo en Europa y en el resto del mundo. Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck) quiere pertenecer a ellos pero a sus 30 años aún no ha rodado más que un corto, a pesar de que es uno de los críticos de cine más importantes de su país. Pero él quiere más, quiere hacer películas y no sabe cómo conseguirlo. Hasta que se pone a ello. Sin guión, la naturalidad va antes.
De este modo, comienza Al final de la escapada, con Jean-Paul Belmondo (Aubry Dullin) y Jean Seberg (Zoey Deutch) como protagonistas. Sin saber muy bien qué hacer con ellos, rodar es lo importante, dejando al equipo bastante perplejo con respecto a un plan de producción que realmente responde muy mal a los convencionales. Y así se irán desarrollando los días… pensando todos ellos que están haciendo algo atroz que no tendrá ni sentido ni interés para el público. No saben lo equivocados que están.
Nouvelle Vague es una delicia. Asistir a un rodaje desquiciante y ver cómo fue aquello, lo que sintieron quienes estuvieron al lado de Godard, pelándose con él, siendo parte de la Historia sin darse cuenta entonces de que iban a serlo es maravilloso. Linklater nos muestra hasta qué punto Godard era insoportable y cómo lo pasaron todos los que lo rodearon para poder acabar el proyecto, logrando una película interesantísima, muy entretenida y un documento audiovisual que aunque no es un documental sino una ficción que recoge aquellos meses, resulta ser un testimonio asombroso sobre un momento crucial en la cultura francesa.
Nouvelle Vague es una película de obligado visionado para todos los amantes del cine, pero también para aquellos que, sin interesarse por él como arte, buscan entretenimiento, porque lo van a encontrar, pero además van a conseguir aprender qué supuso una época del cine europeo cuyo rastro, por la longevidad de las carreras de los directores que participaron en ella, fue más amplio de lo que incluso ellos mismos llegaron a pensar. Y la película que recoge su auge es una gozada que nadie debería perderse.
Silvia García Jerez

