TOP GUN: MAVERICK

Top Gun: Maverick llega a nuestras pantallas tras retrasar su estreno dos años. De 2020 hasta ahora. Dos años en el cajón hasta que se han dado las condiciones para poder disfrutar de ella en las salas de cine. Y han hecho bien, tanto Tom Cruise, productor de la película, además de su indiscutible estrella, como la propia Paramount a la hora de tomar esa decisión, porque esta secuela del film de Tony Scott, Top Gun: Ídolos del aire, es tan descomunal como esperas de ella. O más, si cabe. Y cabe.

Top Gun: Maverick es la historia del piloto que da el título a la continuación. Retomamos su vida tras treinta años, con todo el peso de lo ocurrido entonces, con su fama de piloto perfecto, con sus sombras del pasado. Y su nueva misión, de vuelta en Top Gun, la Academia que se lo dio todo. Y que también se lo quitó.

En el presente, Maverick tendrá que entrenar a los nuevos pilotos para una misión bastante imposible que puede hacerse, pero que depende de quién esté a los mandos de la aeronave. Porque bajo los parámetros normales no, no hay manera de conseguirlo y volver con vida después, pero Maverick es el único que puede entrenar a esos pilotos para que salgan y regresen. Aunque a su superior, Cyclone (John Hamm), no le haga ninguna gracia. Y es que Maverick es todo menos un piloto convencional que se atenga a las normas, algo que también hace de él la leyenda que es.

Tom Cruise y Jennifer Connelly protagonizan esta nueva entrega del clásico de los 80 TOP GUN: MAVERICK
Tom Cruise y Jennifer Connelly protagonizan esta nueva entrega del clásico de los 80

Top Gun: Maverick responde a la definición de cine espectáculo. Es una gozada para sentarse en una butaca y disfrutar. Desde el primer momento nos lleva a aquella mítica película con la que muchos crecimos en los 80 y que se hizo célebre gracias a un compendio de hitos, desde su banda sonora, su canción original, Take my breath away, que le dio el Oscar su cantante, Berlín, a la cazadora de Tom Cruise, sus gafas de sol, su moto… todo es muy representativo de lo que esta película significó en un momento de la historia en el que el cine en el cine lo era todo, en el que no había piratería ni plataformas ni otra manera de verlas que no fuera en pantalla grande, ya que tardaban meses y meses en llegar a los videclubs. Hoy eso parece otro mundo pero era nuestro día a día y en él Top Gun fue algo épico. Y Tom Cruise se convirtió en una estrella. Y no ha dejado de serlo desde entonces. 30 años en la cima. Con más o menos altibajos, pero en la cima de una fama que no lo abandona aunque la taquilla no siempre esté de su lado. No todos pueden decir lo mismo.

Parte de ese logro lo ha conseguido con su carisma. Tom Cruise solo hay uno y sabe en qué consiste el negocio al que se dedica. Y además lo ama. Cuida a su equipo y a las películas que rueda. No acepta cualquier guión, por mucha cuarta o quinta parte de la que se trate, el número no es una excusa para no ser brillante. Y por supuesto, él hace todas las escenas de acción. Nada de dobles. El doble es él. No importa la dificultad de la escena. Y además es un buen actor. Lo tiene todo y lo sabe aprovechar.

Y también representa a un Hollywood en el que las cosas no es que estén cambiando, es que ya lo han hecho, y él no quiere quedarse atrás pero el público ya empieza a mirarlo por el retrovisor. Muchos nuevos espectadores no son conscientes de la dimensión de su nombre en una industria en la que que llegara a los cines una película suya era el reclamo del mes. Él era lo que hoy es Marvel. Y ahora tiende a ser el pasado que se aferra a un avión que despega y cuyos pasajeros son superhéroes, pantallas azules en las que nada de lo que luego ocurrirá es físicamente real, drones que reducen el trabajo y todo tipo de moderneces que no pueden estar más alejadas de lo que Tom representa. Y por eso es tan bonito verlo. Porque su entrega hace especiales las películas en las que interviene, porque lo que ves en su cine sabe a lo que te gustaba ver y ya no encuentras. Porque Tom sigue haciendo el pasado en el presente. Y se lo tienes que agradecer.

Top Gun: Maverick es volver a ese universo pero actualizarlo con lo que ocurre hoy, con las historias de quienes ahora estudian y han de practicar. Destacando, por razones privadas, Bradshaw (Miles Teller), un joven dispuesto a todo pero con un estado de ánimo que no se arregla con un buen consejo. Maverick y él tienen algo pendiente que los corroe y no los deja ser lo eficaces que deberían. Enlazar con los dos el pasado es uno de los puntos que nos van a hacer emocionarnos con esta entrega. La música, las escenas de acción, el drama bien interconectado con la misión, no hay nada que se haya descuidado. Y claro, o lloras o aplaudes. O las dos cosas.

Y no olvidamos a Jennifer Connelly. En el primer Top Gun era Kelly McGillis la chica que aparecía con Tom en el cartel. Acababa de saltar a la fama, en 1985, por interpretar a una madre Amish en Único Testigo, la única nominación al Oscar de Harrison Ford, y lo siguiente que sabíamos de ella era que se convertía en la chica del incipiente ídolo de masas en Hollywood. Ahora, semi retirada del cine, toma su relevo Jennifer Connelly, en un papel diferente con una presencia muy superior a la de Kelly. Jennifer abrasa la pantalla. También es dueña de un carisma que con una mirada es capaz de explicar a su Penny, alguien que, como los demás, tiene rencillas que solventar con Maverick. Y sí, está a la altura de Tom Cruise. Talentos paralelos en una película redonda.

Esa secuela acierta, además de en todo, en cómo utiliza el pasado para pasar página y asentar su iconografía en una nueva era, la perfecciona y crea un mito renacido al que solo rodean detalles brillantes. Todo se ajusta alrededor de su protagonista para hacer de una película que daba pereza un blockbuster que puede dar lecciones de cómo hay que hacer el cine moderno, ese del que Hollywood cada vez huye más porque ni le resulta rentable por lo que cuesta ni por cómo es recibido. Donde Michael Bay con Ambulance o Roland Emmerich con Moonfall patinaron, Joseph Kosinski, director de Oblivion, también con Cruise al frente, proyecta su película al cielo y reflota, y de qué manera, el concepto del blockbuster clásico sin necesitar de la adaptación de un cómic para salir victorioso. Hemos pasado de un título mítico a otro imprescindible. Si hay una película que hay que ver en la gran pantalla es ésta. Si hay una superproducción que merezca un aplauso, es Top Gun: Maverick.

Top Gun: Maverick se estrena en cines el 26 de mayo.

Silvia García Jerez

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