MIDWAY: La batalla por el atolón

Midway. Con ese título ya tenemos el argumento claro. A no ser que no se sepa Historia, con H mayúscula, la que se refiere a la humanidad, no la que con minúscula habla del cuento ficticio o fantástico de turno. En este caso se trata de la Historia de verdad y una de las batallas decisivas dentro de la II Guerra Mundial.

Midway se sitúa en el año 1942, seis meses después del ataque japonés a Pearl Harbor, en el que los norteamericanos y los japoneses vuelven a enfrentarse, esta vez para llevar a cabo el contraataque, capitaneado por el mejor piloto americano, Dick Best (Ed Skrein), y con la ayuda del espionaje que será capaz de interceptar el lugar de la emboscada que el ejército japonés les tiene preparada.

El film, dirigido por Roland Emmerich, trata de profundizar en todos los puntos de vista que tuvieron algo que decir en el conflicto, en los dos bandos contendientes, en los altos mandos y en las bases que iban a combatir, así como en los despachos de la inteligencia que se ocupó de descifrar Midway como lugar de encrucijada, y cómo no, sin descuidar la parte familiar que todo soldado tiene en casa esperándolo.

En MIDWAY vemos imágenes tan espectaculares como ésta

Con una duración de 2 horas y 18 minutos, lo cierto es que Midway es un entretenimiento de primer nivel en el que ni un solo segundo pesa sobre el anterior. Tal logro se le debe a Roland Emmerich, director alemán adoptado por Hollywood, como tantos otros interceptados por la industria que, de irse a trabajar allí parece que fuera donde nacieron.

En os 90, bajo el paraguas de su nombre, surgieron hitos como Independence Day –de la que también rodó su secuela en 2016-, Soldado Universal o Stargate, y siguió haciendo Historia en el nuevo siglo gracias a El patriota, El día de mañana o 2012.

Roland Emmerich es sinónimo de blockbuster. Se le da bien hacerlos, por eso lo llaman, y él cumple, y con Midway vuelve a demostrar que es capaz de filmar uno de los ataques bélicos más famosos de cuantas guerras haya conocido el mundo y salir no solo airoso sino con buena nota del proyecto.

Midway está llena de acción, pero también de pasión por el trabajo de hacer cine, de que ningún actor desentone, de que te los creas a todos, por muy estereotipados que estén ya sus roles de jefe de misión imposible o de soldado en el que se juntan las ganas de servir a su país, de no defraudar en el intento y la locura que se necesita para estar a los mandos de la aeronave.

Todo en Midway funciona con la precisión con la que el cine nos ha enseñado que se tienen que contar las historias. Lo real unido a una narrativa cinematográfica que honre a los héroes que retrata, y teniendo en mente a los espectadores que ocupan sus butacas y que esperan un espectáculo digno de lo que Hollywood nos tiene acostumbrados en el género bélico.

Y lo cierto es que Midway responde con solvencia a lo que le se le pide. Tal vez para más de uno sea una película convencional, de esas que no dejan huella por muy estupendamente que se pase viéndola, pero lo cierto es que no sería justo tratar así un film tan cuidado en todos los aspectos y con un resultado tan emocionante que si se regara de nominaciones a premios sería de tanta justicia como que el público la aprobara con una abultada taquilla y un aplauso unánime de elogio consensuado ante la evidencia de la estupenda película que nos ocupa.

Silvia García Jerez

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