LA FUNCIÓN QUE SALE MAL: La perfección del error

La función que sale mal sale muy bien. Porque es muy difícil hacerlo mal… ¿qué digo mal? Tan mal, y que salga tan bien. 8 millones de espectadores se han reído con ella desde su estreno en el West End de Londres en 2012. Desde entonces ha ido recorriendo el mundo y se ha representado en 30 países, España entre ellos, donde llegó en 2019 al teatro La Latina y donde pasó al teatro Cervantes de Málaga y de nuevo a Madrid, ahora en el Marquina.

La función que sale mal cuenta la historia de un misterioso asesinato ambientado en un viejo caserón de la campiña inglesa, allá por los años 20, interpretado por un grupo de teatro amateur. ¿Qué puede salir mal?

Risas.

Veremos cómo, según se desarrolla el texto, la trama del asesinato como tal, el clásico de las novelas de misterio tipo Agatha Christie, no es más que el hilo conductor (un MacGuffin en toda regla) y pasa a un segundo plano irrelevante para dejar espacio a lo importante: hacer reír, la comedia, el disparate y el infortunio que toman el control de la escena como una bola de nieve rodando cuesta abajo que va creciendo y ya nada la puede parar.

Más Risas

Un momento de la representación de La función que sale mal
Un momento de la representación

El público que acude a La función que sale mal no te deja escuchar bien lo que dicen los personajes pero es que llega un momento en el que te da igual. Tus propias carcajadas no te dejan oír, te lloran los ojos y te duele la barriga. Y sabes que aún no ha terminado.

Muchas Más Risas.

Sin destripar nada, veremos que hay chistes clásicos que no fallan como golpes, pisotones, luchas y malentendidos pero es que hay gags que pasan a la historia de la comedia como la escena que se repite en un bucle sinfin, las llamadas telefónicas o los fallos de sincronía.

Muchísimas Más Risas.

Desconectas tanto del mundo exterior durante las casi dos horas que dura, y te ríes de tal modo, que cualquiera diría que es hasta terapéutico. Sales nuevo, revitalizado y feliz.

A nivel técnico, escenografía, vestuario, etc, de producción y de dirección destacar su complejidad, el nivel de concentración y de coordinación. Y no menos la agilidad, velocidad y energía por parte de los actores para mantener esa cadencia vertiginosa y acelerada todo el rato, sin dejarla caer, in crescendo. 

La comedia es ritmo y ellos lo tienen.

 FIN. Ya puedes irte a casa con esa sonrisa en la cara.

NOTA: Si quieres volver a verla, puedes disfrutar de La función que sale mal hasta el 25 de diciembre en el Teatro Marquina.

La Cronosfera

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