EL EXORCISTA DEL PAPA: Los archivos de Gabriele Amorth

El padre Gabriele Amorth fue el exorcista del Papa, un sacerdote italiano que se hizo muy famoso porque ejerció como exorcista de la diócesis de Roma y documentó sus casos en diversos libros y archivos reales, además de dar conferencias y aparecer en programas de televisión. Sin ir más lejos, en España estuvo presente, en el año 2007, en Cuarto Milenio, de Íker Jiménez, enseñando los clavos y toda aquella cacharrería que había ido recopilando de cuanto les salía por la boca a los distintos poseídos a los que les practicó los exorcismos. Algo muy curioso de ver, os lo aseguramos.

Ahora llega a las pantallas la, tal vez, primera entrega de las vivencias de Amorth en esta película en la que lo interpreta un estupendo Russell Crowe. Y digo tal vez porque la idea es que, si funciona en taquilla, pueda convertirse en una saga como ha sido Expediente Warren, que también está basada en los casos reales del matrimonio que da nombre al Expediente.

En el que nos ocupa, y tras mucho defenderse ante la Curia que quiere echarlo por el exorcismo, un tanto surrealista, con el que da comienzo la película, el padre Amorth se enfrenta a un ser especialmente maligno que ha poseído a Henry (Peter DeSouza-Feighoney), un niño que acaba de mudarse con su madre y su hermana a una mansión situada, como suele ocurrir en este género, en un terreno con historia previa que va a ser la que determine lo que a continuación veremos.

Henry (Peter DeSouza-Feighoney), el niño de 7 años al que hay que practicarle el exorcismo

Por supuesto, el pobre Henry va a sufrir muchísimo. La entidad demoníaca que lo ha poseído juega con él para dominar a Amorth y a su ayudante, el padre Esquibel (Daniel Zovatto), de quienes conoce sus puntos débiles y los utiliza para ganarles y obtener más fuerza de cara a conseguir sus propósitos, que como veremos, son de una importancia tal que no sólo por el hecho en sí de liberar al niño es necesario que ese exorcismo se realice con éxito.

El exorcista del Papa es una película loquísima, cine de terror sin complejos con el que pasarlo bien pasando miedo. Porque tiene todos los elementos del cine de terror y del subgénero de exorcismos, con los sustos propios que da el ser que habita el cuerpo poseído y los que el escenario en el que sucede la posesión ofrece. Pero es que también su protagonista se presta al cachondeo. El padre Amorth es un tipo curioso, un hombre borrachín, siempre con su petaquita a mano, que va en moto con su sotana y que no deja de hacer de todo un chiste. Una personalidad muy diferente a lo que esperaríamos de él.

Y Russell Crowe lo interpreta con absoluta genialidad. De hecho, es de sus mejores trabajos como actor. No sólo hay que valorar a un intérprete en drama, donde Crowe ya ha demostrado su valía, también en otros géneros, y hay que reconocer que se lo pasa en grande en la piel de este sacerdote tan divertido, echándose unas risas, hablando en italiano y rodando las escenas que le tocan, que algunas son un tanto extremas. Admitámoslo: está mejor aquí que en Los miserables cantando tan mal. Hemos recuperado a un Russell que hace un par de años ya bordó a su villano de Salvaje pero que hacía tiempo que no hacía un trabajo tan brillante en una película de gran estudio. Y supone el primer film de terror de su carrera.

El exorcista del Papa como película tal vez no sea la más sobresaliente, es sobre todo un entretenimiento muy solvente con el que pasarlo bien, y eso no es malo. Es muy defendible aunque no se trate de una cinta de exorcismos al uso, por mucho que contenga los elementos que el género requiere. Es muy distinta, mucho más fresca, y se agradece no ver siempre el mismo tipo de película. Eso es un acierto y esta, además, nos ofrece a un exorcista icónico, con sus gafas de sol incluidas. Y se adentra en las sombras del Vaticano con el mítico Franco Nero en el papel del Papa. Una cinta de exorcismos a reivindicar desde el momento de su estreno.

Silvia García Jerez

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