DISTANCIA DE RESCATE: Miedo a la maternidad

La Distancia de rescate, primera novela, de Samanta Schweblin, después película con guión de ella misma junto a la directora, la peruana Claudia Llosa, no es una medida exacta. Es el tiempo, y el espacio, que existe entre una madre y su hijo para que la primera pueda salvar al segundo del mal que le aqueje. En una piscina o donde el niño esté.

Distancia de rescate se convierte así en una película cuya premisa es absorbente. Y maravillosa. Te hace reflexionar. Todos tenemos una distancia de rescate, no solo las madres con sus hijos. En cualquier momento puede pasarnos algo y podemos necesitar ayuda, y a lo mejor no llega nadie. La distancia de rescate puede ser infinita.

Con este punto de partida, Claudia Llosa nos cuenta una historia misteriosa, compleja, llena de elementos sobrenaturales mezclados con diálogos en off entre su protagonista, Carola (María Valverde) y alguien, un niño parece, que domina el interrogatorio, un interrogatorio que más pareciera una sesión de hipnosis.

Sueño y realidad. Un paisaje bucólico, el del campo. O la piscina. El tiempo vacacional que pasa Amanda en un pueblo de Argentina junto a su hija Nina (Guillermina Sorribes Liotta) y su vecina Carola (Dolores Fonzi), la madre de David, el niño que va a capitalizar la historia y la va a transformar en algo oscuro, en la pesadilla de este precioso tiempo estival.

Distancia de rescate. María Valverde es Amanda, una madre que sufre por su hija
María Valverde es Amanda, una madre que sufre por su hija

Distancia de rescate es un drama teñido de suspense, un film de terror convertido al Realismo Mágico, una película ante la que dejarse llevar para descubrir el secreto que se oculta bajo esa capa luminosa de rayos de sol atravesando sonrisas. Aquí nada es lo que parece, todo es peor de lo que imaginas, y Claudia Llosa te va sirviendo el veneno entre imágenes de una belleza cegadora

Los detalles. La voz asegura que hay que prestarle atención a los detalles. Que todo lo que necesitas saber está en ellos. Solo tienes que recordarlos. Volver atrás, repasar tu vida y saber por qué estás donde estás. Donde quiera que estés.

Distancia de rescate juega continuamente con los tiempos. Su montaje nos lleva de manera continua de un flashback a un flashforward y vuelta atrás. El presente importa poco. Los detalles están en el pasado para entender el inminente futuro.

Todo esto Claudia Llosa lo cuenta con una energía y una brillantez admirables. La estructura de la película es compleja, y la mezcla de realidad y ficción junto a los elementos mágicos de la historia están cruzadas con una naturalidad que hace del relato algo fluido, sin fisuras. Algo lógico. Entramos en su universo fantástico con la facilidad con la que lo haríamos si no lo fuera.

Es en el tramo final donde derrapa. Le entran las prisas y solo repara en lo sutil, olvidando lo grueso. Entendemos los detalles pero no su contexto, confundiéndonos algo más de lo que debería.

Pero el conjunto de la película es en sí un trabajo de órdago. Es muy complicado contar así la historia, intercalando tantos elementos complejos, tantos tiempos, detalles -visuales y sonoros-, tantas preguntas y respuestas tan importantes para completar el puzzle.

Dolores Fonzi es Carola, una madre dispuesta a todo para recorrer la distancia de rescate en
Dolores Fonzi es Carola, una madre dispuesta a todo para recorrer la distancia de rescate

Distancia de rescate la estrena la plataforma Netflix el 13 de octubre tras su paso por el festival de San Sebastián, donde gustó e incluso entusiasmó. Y más que gustaría con el paso del tiempo porque es una película que no se olvida. Los mimbres con los que está construida, esa hierba que podemos oler, ese barro que también se nos impregna, esa agua que nos empapa, se quedan con nosotros, en nuestra memoria. Y su premisa, la idea que da título a la historia, incluso más que éstos.

Sus bondades van creciendo cuando la película se recuerda, se reflexiona, cuando volvemos a sentir ese miedo a no poder alcanzar la distancia de rescate para salvar a quien queremos.

María Valverde y Dolores Fonzi, las dos actrices protagonistas, están fabulosas. Nos transportan a una maternidad peligrosa, ante la que da igual todo, solo importa tu hijo, ni siquiera el precio que has de pagar para mantener esa distancia de rescate. Con dulzura y delicadeza se adentran en un terreno peligroso, prohibido incluso, y su tono sigue siendo el de las madres cándidas para las que todo está bien si el niño está bien. Qué peligro tiene eso y qué miedo da. La maternidad mantenida a toda costa. Lo natural retorcido, forzado. Las excusas como escudo para la aberración. La distancia de rescate tan alargada que se deforma, que lo deforma todo. Pero de la manera más bella posible. Porque no hay que perder de vista las formas. Ni los detalles.

Silvia García Jerez

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