Cementerio De Animales: Páginas de celuloide emborronadas

Cementerio De Animales, la, para muchos, terrorífica novela del Sr. King, hemos de apuntar que ya fue llevada a la pantalla grande a finales de los 80, en unos correctos 100 minutos, con bastante suspense y titulada Cementerio Viviente. Teniendo en cuenta esta premisa, o adaptación a la que el paso del tiempo no es que haya tratado demasiado bien pero que en su momento nos gustó, el encontrarnos con una embarrada nueva traslación libro/celuloide de esta historia de muertos renacidos y revirados firmada por el padre de Carrie, paradójicamente, vuelve a darle lustre a la primera adaptación referida. ‘Otro vendrá que bueno te hará’ reza el refranero. Y os preguntaréis que por qué. Pues por bastantes razones. Pues vamos a ello:

Jason Clarke y John Lithgow en CEMENTERIO DE ANIMALES
Jason Clarke y John Lithgow en CEMENTERIO DE ANIMALES.

Primero por la innecesaria ampliación del metraje hasta los 120 minutos, que no aporta nada en esencia, sirviendo solo para que veamos imágenes que podrían hacerse ver con una buena elipsis a tiempo. Parece que, a ojos del que esto escribe, los responsables de la segunda entrega de la cinta de terror Mamá, Dennis Widmyer y Kevin Kölsch, además de adaptar en labores de dirección esta nueva mirada, por parte de los guionistas Dave Kajganich y Jeff Buhler, a la novela que nos trae aquí, han querido huir de la versión que firmara la posteriormente implicada en series como The Blacklist, Arrow o Historias de la cripta, Mary Lambert. Yéndose tanto por las ramas, los unos y los otros, que se han perdido en un bosque de giros más intricados que la propia maraña arbolada que bordea el susodicho cementerio, en esta ocasión con más niebla que el Londres de Penny Dreadful y muchísimo menos encanto.

La extraña comitiva de la película
La extraña comitiva de la película

Segundo. Aprovechando la tendencia de películas de terror protagonizadas por jovenzuelos, lejanos aún de las hormonas alocadas y los cuerpos esculturales, que hizo reverdecer en cines la nueva It, como sabéis también basada en un clásico del mecánico de Christine. Este nuevo Cementerio de Animales se presenta con infantes, ya no asustados sino que asustan, y que a juzgar por cómo se las gastan son carne de una versión diabólica de Hermano Mayor. Vamos, que tienen un carácter que ‘pa´qué’. Como no somos especialmente malos, no diremos qué niños vuelven a la vida y qué niños la quitan. Eso habréis de descubrirlo cuando caiga esa noche que los hará regresar, refugiados en el ensordecedor ruido de camiones sin crítica ecológica esta vez, para poner todo el suelo de la casa perdido de barro y sangre. Se debió pensar que el concepto ‘Niño en peli de miedo’ no falla nunca y que ya es éxito seguro. Ay, amigos, éxito seguro siempre que estemos ante una película bien empaquetada y que no nos haga pensar en el amigo gatuno de Sherk o en la inocencia que destilaba Steve Urkel al borde del tabardillo cuando sabía que se había metido en un lío de proporciones épicas. Salvando de antemano las buenas interpretaciones del elenco, los hay que pensarán en humor negro y los hay que se saldrán de la atmósfera, tan necesaria para el miedo.

El gato ya ha experimentado lo que ocurre en el cementerio de animales
El gato ya ha experimentado lo que ocurre en el cementerio

Y tres. Porque se ven bien claritas las intenciones de los productores, en un final que sigue la tendencia del ‘nuevo cine’ que avisa de segundas partes. Tan forzado que ha obligado a cambiar muchos de los mensajes del relato original perdiendo en el trasvase, entre otros, el desasosegante proceder de un padre/marido que no sabe cómo hacer frente al dolor de la perdida, quid de la cuestión, y que tan bien se dejaba ver en la primera incursión cinematográfica y en las páginas de libro, allá por 1989. Y qué por cierto, fue tal éxito que propició una secuela (como siempre habría de ser y no adelantar segundas entregas de antemano), lamentablemente de mucho menor calado y protagonizada por el primer John Connor joven, Edward Furlong. Aquella segunda, como esta nueva primera, deberían haber hecho caso a los responsable de marketing:  A Veces Es Mejor Estar Muerto. Pero ya sabéis, la muerte, como la vida, es algo tremendamente personal. 

Luis Cruz

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