ALIADOS

Una más y una menos 

 

Con cierta pereza y algo de curiosidad me acerqué a la nueva película de Robert Zemeckis que llega este fin de semana a la cartelera, más arropada por el supuesto affaire que vivieron sus protagonistas durante el rodaje que por méritos propios. Pero una que es fiel y forma parte de la legión de friki-fans de su Regreso al Futuro, no falta a casi ninguna cita del director.
Con una variopinta filmografía, Zemeckis lleva entreteniéndonos ya varias décadas siempre pensando en la familia con un estilo a lo Capra y moviéndose en la estela de Spielberg con quien comparte películas. En la cinta que ahora estrena, recupera el género de los espías pero apuntando al melodrama con ganas de thriller de amor.

Chico conoce chica en un encuentro amañado más por cuestiones bélicas que por interés personal. Él (Brad Pitt), canadiense que trabaja para la Inteligencia británica y ella (Marion Cotillard), miembro de la resistencia francesa, se enamoran después de coincidir en una misión anti-nazis; surge el romance por atracción o pura supervivencia.

Cariños, traiciones, compromisos, sacrificios y dudas durante la Segunda Guerra Mundial con evocaciones de Casablanca -donde comienza la cinta- y pretensiones a lo Hitchcock; pero aunque la historia mantiene la tensión cuando goza de la acción, según avanza hacia la relación sentimental y comienzan las hipótesis sobre quién finge mientras ninguno queda libre de sospechas, no consigue la tensión necesaria del maestro del suspense ni el romanticismo de aquella con Bogart.

Aliados es un álbum de hombres encantadores y mujeres con glamour en una cuidada ambientación, con estupendos autos de los años ’40, bonitos vestidos y elegantes uniformes militares, recuperado el estilo y género de aquellas tramas legendarias de espionaje. En unas localizaciones geniales, rodada también en las islas de Gran Canaria y Fuerteventura, todo en el filme resulta demasiado perfecto y manipulable; previsible, algo vetusto y plano.
El deseo de homenaje puede que esté presente durante todo el metraje pero sus giros en la trama no terminan de afianzarse, perdiendo el interés como boicoteándose a si misma. Y el amor de la pareja protagonista en tiempos de guerra -con hijo incluido entre balas y código secretos- dura lo justito. Ya sea por la patria o la familia -que tanto gusta a Zemeckis- cuando llega la verdad ante la posibilidad de ser sus propios verdugos, el pulso no engancha. Y aunque ella podría ser Bergman, a él no le sienta tan bien el esmoquin como a Bogart -quizá por sus preocupaciones maritales y las pérdidas económicas tras romper el Brangelina

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En Aliados asistimos a un melodrama pasable con una Cotillard que salva la película, sin despeinarse en ningún sólo plano; pero la química entre la francesa y el americano, perdón, entre el canadiense y la francesa en la pantalla, no pasará a la historia como un gran film de espías.

Y aún funcionando siempre el revival del cine negro como un comodín, parece que las recientes propuestas de expertos como Le Carré y oscarizados como Zemeckis, pierden la partida.
Los efectos -que últimamente determinan la taquilla- no están a la altura de El desafío, la última que vimos del director, y la cinta se queda en una película más para la colección y una menos por hacer de ese Hollywood que de tanto en tanto, vuelve a sus clásicos actualizándolos; pero Aliados con sus metralletas y sedas, sombreros y esvásticas, permanecerá en un bonito limbo tras su première y siempre será una opción para una buena tarde de enamorados… Y no hay más, ni cotilleo que valga.

Aliados

Mariló C. Calvo 

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