WONDERSTRUCK. EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS

Wonderstruck. El museo de las maravillas es un viaje a los orígenes. Contada en dos tiempos, uno en 1927, época en la que el cine mudo iba a dar paso al sonoro, dato fundamental para situarnos en una de las historias de esta película, y el otro en la década de los 70, los protagonistas de ambos relatos buscan a sus padres, y el deseo de encontrarlos los va a sumergir en una aventura cinematográfica sin precedentes.
En los años 70, la historia que va a predominar en el tiempo en pantalla, el pequeño Ben (Oakes Fegley), que vive en Minnesota, quiere encontrar a su padre, un desconocido al que su madre (Michelle Williams) apenas se refirió antes de fallecer atropellada, para lo cual encamina sus pasos hacia el Nueva York en el que buscará las respuestas que necesita.
En los 20, la intrépida Rose (Millicent Simmonds) huye de un padre sobreprotector y se marcha de su Nueva Yersey natal al Nueva York en el que su madre, la famosa actriz Lillian Mayhew (Julianne Moore) triunfa tanto en el cine mudo como en el teatro.

Julianne Moore en WONDERSTRUCK. EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS
Julianne Moore en WONDERSTRUCK. EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS

Wonderstruck. El museo de las maravillas está dirigida por Todd Haynes, un nombre que a los amantes del buen cine debería hacer levitar solo con pronunciarse, debido a la trayectoria que viene manteniendo desde que se consagrara con Lejos del cielo, film que siguió a Velvet Goldmine y a Safe, que nunca llegó comercialmente a España pero que desde su paso por el festival de Sitges se convirtió en un título de culto.
Otra cinta minoritaria pero asombrosa fue I´m not there, un retrato insólito del cantante Bob Dylan, que es interpretado por seis actores distintos en el film, incluyendo a una Cate Blanchett capaz de convencer, gracias a una metamorfosis perfecta, de que ella era un Dylan más de cuantos aparecen. O tal vez el mejor de todos ellos.
Y por supuesto, Carol, posiblemente su obra cumbre. Todd Haynes entró en el Olimpo de los elegidos de la mano de Rooney Mara y, de nuevo, de Cate Blanchett. Una historia de amor lésbica en el Nueva York de los años 50 elevaba al director a la lista de imprescindibles. La sutileza con la que se acercaba a las dos mujeres y nos mostraba su amor prohibido firmó una de las mejores películas de 2015, ignorada por la Academia en las categorías de mejor película y director porque el tema de las relaciones entre personas del mismo sexo les cuesta todavía demasiado.
Wonderstruck. El museo de las maravillas es su siguiente trabajo, y lo rueda con dos niños en los personajes principales pero también con adultos, Julianne Moore entre ellos, con la que ya trabajó tanto en Safe como en Lejos del cielo, colaboración esta que aún se recuerda como épica entre los cinéfilos más entusiastas. Pero Moore, aunque tiene una intervención importante, no es la actriz sobre la que hay que poner el foco.

Millicent Simmonds interpreta a Rose en WONDERSTRUCK. EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS
La pequeña Millicent Simmonds interpreta a Rose en WONDERSTRUCK. EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS

Wonderstruck. El museo de las maravillas está rodada en color y en blanco y negro. Cada época tiene el suyo, y así como los años 70 están plasmados en color, los segmentos correspondientes a 1927 lo están en el blanco y negro del cine en el que la madre de la pequeña Rose triunfaba, fragmento de una de sus películas incluido dentro del devenir de los acontecimientos.
Pero no solo la rueda Haynes en blanco y negro, también con el acompañamiento musical del cine silente y en muchos casos los intertextos que introducían los diálogos, que no podían oírse, escritos en hojas de papel por el puño y letra de los personajes que se comunican entre sí. Porque Rose es una niña sorda y Ben un niño que se queda sordo al sufrir un accidente casero. El homenaje al cine mudo es, por lo tanto, una de las bases en las que se apoya la película.
Y es precisamente en él donde la cinta brilla en todo su esplendor. Porque en realidad, el fondo de Wondertstruck. El museo de las maravillas no deja de ser el de un culebrón del que poco nos importa que se resuelva o no, lo que de verdad merece admiración es la manera en la que Todd Haynes aborda su proyecto.
En manos de otro, con un tratamiento convencional, la película no habría pasado de ser un simple telefilme, pero con Haynes detrás de las cámaras, dominando el proceso de creación, se convierte en una obra sublime y emocionante.
El uso de la técnica narrativa del cine mudo le permite meternos de lleno en el viaje de los niños y pasarlo mal con cada decisión que toman, con cada avance hacia sus metas. La mezcla de los dos tiempos mostrando una aventura paralela es otro de los aciertos de la cinta, que nos transporta a ambos lugares casi a la vez, solo faltan las pantallas simultáneas, que no utiliza porque no las necesita.
Wonderstruck. El museo de las maravillas contiene una de las bandas sonoras más bonitas y mejor sincronizadas con las imágenes de una película desde que vimos Baby Driver en el verano del pasado año. O Blancanieves, de Pablo Berger, si queremos remitirnos al cine mudo para compararla con su propio habitat.
Los acordes de Cartel Burwell, genio que compuso la partitura de Carol o, un poco más atrás en el tiempo, apenas unos 15 años, la de Muerte entre las flores, se funde de manera indisoluble con las expresiones de los niños, de entre quienes destaca la inolvidable Millicent Simmonds, la niña sorda en la vida real que realiza su debut en este film.
Será difícil verla con asiduidad en cualquier pantalla, pequeña o grande, tanto en el cine como en series, porque las personas sordas tienen un acomodo más que complicado en las narrativas para oyentes, pero en Wondertstruck. El museo de las maravillas nos ofrece algunos de los mejores momentos que veremos en 2018 y eso esculpe ya su nombre en la lista de hallazgos a no olvidar cuando este acabe.
Pero no todo Wondertstruck es destacable. Tiene fallos de guión, hasta que nos situamos uno se hace preguntas que no debería y a esto hay que añadir un personaje secundario, el que interpreta Jaden Michael, el del pequeño Jamie, que bien podría haberse eliminado o cuanto menos, haberse mejorado.
Aunque estos árboles, arbustos de escaso tamaño en realidad, no deben impedir que veamos un bosque por el que caminar con los ojos abiertos para disfrutar de cuanto nos ofrece el recorrido, que es mucho, variado y está lleno de plantas hermosas. Si Wonderstruck. El museo de las maravillas fuera un lugar, en vez de una película, no sería una mala opción quedarse a vivir en él.

Silvia García Jerez

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