VERGÜENZA – Charlamos con los creadores de esta nueva comedia

La nueva serie de Movistar + es una estupenda comeđia al límite de lo incorrecto, producida también por Apache FIlms y creada por Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero.
Diez episodios de media hora de duración -ya disponibles bajo demanda- que rozan el absurdo, el esperpento y hasta la ternura, como reflejo de eso tan nuestro que es la vergüenza y la envidia.
Entrevistamos a la pareja de creadores y a su protagonista femenina, Malena Alterio
, formidable junto a Javier Gutiérrez, que vuelve a estar de actualidad por su nominación a los próximos Premios Goya.

La gracia de reírse de todo

Fijarse en el escote de la suegra y correr detrás de su coche para justificarse, es de vergüenza. Como equivocarse con una mujer que no esta embarazada e insistir en su figura oronda; eso también es de vergüenza, de vergüenza ajena.
Ya que el bochorno en esas situaciones lo sufre más quien observa y no tanto quien mete la pata; sea por inconsciencia, osadía, o por ser un imbécil total con incontinencia verbal.
Vamos, lo que le ocurre a Jesús (Javier Gutiérrez) en su día a día.
Un fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones con aires de artista y talento nulo, que vive avergonzando a su entorno irremediablemente; contagiando con su torpeza a su mujer (Malena Alterio), quien incomprensiblemente desea un hijo suyo, mientras el impresentable pone en evidencia a su familia política (Miguel Rellán y Lola Casamayor) y es constantemente disculpado por su único amigo (Vito Sanz) de su no saber estar zafio, grosero y machista.
Así contado y quedando la incomodidad en los demás podría ser hasta un drama, porque ¿puede un@ reírse de todo eso?
Rotundamente sí. Y afortunadamente lo hacemos con Vergüenza.

En Vergüenza te ríes, que de eso se trata.
Y aunque la serie practica una comedia que contempla gags de todos los colores y épocas -ahí están los clásicos de entierro, gays y racismo-, nunca se llega al tópico ni se cae en lo tremendo.
Parece que la pareja de creadores ha logrado el ritmo y el tono preciso, sin perderse en la broma ni restarle su gracia.
Claro que habrá quienes no la encuentren, pero una que no es de chiste fácil llegó hasta las carcajadas -canallas, arriesgadas y absurdas- con ese reparto cómplice e imprescindible que hace creíble ese humor, sin histrionismo y acaso con algo de esperpento que también es muy nuestro; como la secuencia de la clase de inglés que resulta hilarante y de Cómico con mayúscula -teniendo que mencionar, una vez más, a J. Gutiérrez en un personaje insuperable-.

Si son de los que degustan series como The office, Shameless, American Dad y Family Guy, disfrutarán igualmente con esta Vergüenza tan española.
Surgida de Álvaro Fernández Armero y Juan Cavestany, encontramos guiños de ambos en esta nueva propuesta sobre la autentica vergüenza.
Hay una historia de pareja, algo más de Armero, quien ya nos advirtió con una sonrisa que Todo es mentira y Nada en la nevera -esos reality bites patrios-, pero además está la parte de tragedia que encierra toda bufa y eso quizá, es más propio de Cavestany; que igual es dramaturgo con ese Urtain que fue punto y aparte en el teatro español, que responsable de divertimentos como Gente en sitios y Dispongo de barcos, y de fascinantes rarezas como Esa sensación. 

 

J. Cavestany, J. Gutiérrez, Malena Alterio y Álvaro F. Armero

 

Charlamos con ellos sin dejar la guasa en ningún momento, aún contando cosas serias. Un gusto.

 

La Cronosfera: Confieso que soy más drama-queen que público de comedia, pero me he reído y mucho.

Juan Cavestany: Gustamos a los raros (risas). Es curioso pero tengo ese pálpito todo el rato. Ya pasó al principio, cuando hicimos el piloto hace nueve años. Lo vimos y dijimos: ¡Madre mía! Queda un poquito intenso, un poco denso (risas), pero la poca gente que lo veía, entraba mucho. ¡Qué curioso! A lo que voy es que parece que tendemos a estigmatizar al espectador y si te gusta la cosa blanca parece que esto no le puede gustar, pero yo creo que nunca se ha hecho el experimento. Estoy seguro que hay espectadores afines a un tipo de humor mucho más rápido y brillante -en sentido de los diálogos, para entendernos- que igual también entran aquí; es decir, que no es tan excluyente como parece que puede ser.

L. C.: Diez años hasta que ha salido ¿Había miedo a que no se entendiera ese humor? Ahora se estrena y parece que funciona, en estos tiempos que no se puede ni decir enano porque puede ser ofensivo -y lo digo con respeto y desde mi 1’57 de estatura- pero ¿habéis recibido alguna queja de alguna colectivo?

Cavestany: Te voy a coger esto último porque nadie nos lo ha preguntado y es importante. En la serie hay una escena que Jesús invita a bailar a una chica que tiene una minusvalía física pero él no se da cuenta y al reaccionar, aquello es un chasco; la mujer se cae por las escaleras y luego va a peor… Bueno, pues uno de los debates más interesantes que tuvimos en torno a la serie no era si la hacíamos o no -porque si Álvaro y yo nos preguntamos esto, lo hacemos-, era más bien si queríamos hacer esas sesiones, por ejemplo, con una actriz-especialista que fuera capaz de hacer eso, o buscábamos a una que realmente tuviera una minusvalía. Nos arriesgamos y nos inclinamos por esto segundo, porque -y esto, a lo mejor, conecta con una declaración de intenciones que no quiero que suene rimbombante- por qué no incluir en la risa, en la gran bufonada a todo el mundo; a los que están ciegos, a los lisiados, a los débiles que no se les mira, que no se les puede mirar… ¿No son parte de lo mismo? ¿O sólo se les mira de forma condescendiente y aparecen en alguna peli para que veamos lo que sufren? Todos nos reímos y también todos nos estampamos. En nuestro caso hemos jugueteado un poco con ese límite, que es lo divertido de la comedia, pero el que realmente está siendo incorrecto es el protagonista. No creo que hayamos hecho esta serie en plan ‘no hay límites’…

Álvaro Fernández Armero: Me has recordado algo que nunca hemos comentado ¡Y esto es un primicia! (risas) De hecho, no lo hemos hablado nunca, Juan, pero cuando la actriz que cogimos, que ya había leído la secuencia y dábamos por hecho que estaba entendiendo de qué trataba-, ella como actriz, le dio una vuelta más… Al terminar el rodaje, me acerqué para comentar la situación por si le podría haber molestado algo, pero me dijo que no, que ella además lo había trabajado desde el punto de vista de la soberbia y me dijo: me lo tengo merecido, soy tan arrogante y digo que no me ayuden y claro, luego no me ayudan’ Ella ni siquiera veía este conflicto; ella estaba trabajando un lado del personaje y podría haber interpretado cosas distintas, pero eso es lo maravilloso porque ella no veía ese conflicto, lo veíamos nosotros, lo ponemos los demás en esa mirada.

Cavestany: Pero podría haberse quejado y puede ser que algún colectivo… Aunque me parece mucho más incorrecto y más ofensivo otro tipo de humor que está en prime time, por ejemplo, homófobo, que me produce sarpullido porque no hay ni una mirada crítica. Nosotros no pretendemos revolucionar nada con la serie pero si hay un compromiso, y proponemos un juego con esa risa que provoca el no poder reírte, que es cuando más risa te da; y simplemente, tienes que tapar ese humor. Ese es el camino que nos gusta, que hemos buscado y en el que queremos movernos.

L. C.: ¿Tuvisteis siempre claro a Javier Gutiérrez y a Malena Alterio como pareja protagonista?

Cavestany: Esto no se escribió, se desarrolló y luego pensamos quién podría hacerlo. Esto se escribió para ellos y sin dudar, vinieron a grabar el piloto a casa de un amigo. Fue un lujo poder hacerlo y poder contar con esos cómplices. Les convocamos un finde que también llamamos a Miguel Rellán y Lola Casamayor, y rodamos lo que ahora es el primer episodio; la comida y los calzoncillos (risas), aunque la comida era todo el episodio.

Armero: Lo grabamos hace 9 años y fue justo en el puente de diciembre.

L. C.: El personaje de Jesús, ¿está inspirado en alguien o seguíais una colección de momentos que dan Vergüenza?

Cavestany: La verdad que todo empieza porque Álvaro y yo estábamos obsesionados y apuntábamos en una lista las cosas de verdadera vergüenza que se nos iban ocurriendo. Había mucho de autobiográfico, pero no porque nos hubiera pasado de forma literal, ya que muchas veces la imaginación te ponen en sitios que la realidad no hace, pero tú sientes como que has dado mucha vergüenza y la vivencia, la pulsión está ahí. Y es difícil de compartir porque lo temes, sin que haya pasado realmente… Todo está en el personaje de Jesús, pero según avanzamos en la escritura nos dimos cuenta que la serie tenía que ir más allá; que los personajes tenían que ir a algún sitio y que tenía que pasar algo, y ahí está la relación, que es una historia romántica. No podía ser que se pasaran 10 episodios haciendo chorradas y además, tenían que ser conscientes de todo. La serie necesitaba algo más que recrearse en eso y ahí es donde se convierte en una comedia romántica.

L.C.: ¿Encargasteis las fotos supuestamente artísticas de Jesús? Están en el limite de lo nefasto, pero con cierta composición ¿Cómo las conseguisteis? (risas)

Cavestany: ¡Que alguien me pregunte quién ha hecho esas fotos es que alguien se ha fijado en lo que importa! (risas) ¡Esas son las cosas que realmente merecen la pena en la serie! Me ha encantado la pregunta y es que las fotos son la clave de todo. Es el meollo de la serie y se hicieron ex profeso por un fotógrafo. Las seis del piloto inicial por el director de fotografía, Ignacio Giménez-Rico, que es también el dueño de la casa en la que lo rodamos,pero luego el resto son de su colega Paco que es operador de cámara y fotógrafo. Le dimos algunas indicaciones sobre contrastes porque Jesús está obsesionado con ellos; ya sabes que él tiene ínfulas de artista y cree que ha descubierto algo interesantísimo con los contrastes y que los contrastes se pueden fotografiar: frío-calor, rico-pobre y fotos de ese tipo. Además por las fotos tiene frases que definen al personaje, como cuando habla de la pasión por las hogueras..

Armero: Todo obviedad y lugares comunes (risas)

Cavestany: Pero todo está pensado y es una de las cosas que más nos ha costado, porque queríamos que la foto hiciera reír pero que a la vez que no pudiera ser patética, tenía que tener ese punto…

L. C.: Que también es ese punto al límite, en toda la serie. ¿Hubo alguna escena que costó rodarla por alguna dificultad, o bien por no poder aguantar las risas?

Armero: Nos costó lo del gimnasio, al final. Y la cata, un poco, por distintas circunstancias que cuando se ve, se entiende. Pero con la clase de inglés, yo casi no pude terminarla.

L.C.: A mi casi me da un ataque. Risoterapia pura. Es genial y Javier está soberbio.

Cavestany: Ha sido un rodaje muy cómodo y hemos estado muy cubiertos con esos actores que son maestros, pero también con apuestas de gente nueva o caras que nos apetecían. Es una serie muy actores porque es muy de diálogos. Había que dar valor al diálogo pero a la vez, no ser cansina.

L.C.: Habíais trabajado ya juntos en cine, en Salir pitando, pero durante el rodaje de la serie ¿cómo repartisteis las tareas? Al escribir los guiones, cada uno puede estar con lo suyo, pero dirigir…

Armero: Dirigíamos por jornadas; pares e impares, y a repartir. Mientras uno tenía las impares, por ejemplo, que eran secuencias con más poder, al otro le tocaba quedarse con las que más se demoraban ese día, y viceversa. Creo que los dos queríamos estar en todo pero era imposible y podría crear mucha confusión, incluso en el equipo. Era nuestra responsabilidad, pero como los días se juntaban, a veces los dos hacíamos de todo y hacíamos lo que tocaba hacer. No hay un episodio que sea uno más autor que otro; todo está tan mezclado, que no hay egos ni cosas de esas. Los dos queríamos que tuviera la visión de los dos. Habrá cosas que recuerden más a uno que al otro, que se parezcan más al estilo de Cavestany o al mío, pero el reto era que fuera esa mezcla y que se pudiera intuir, pero que fuera también una cosa nueva.

 

Vergüenza es tan nueva que no deja de ser un tradicional chiste de familia, divertido y que funciona, llegando hasta el final con la amargura del perdedor, del esperpento. Arriesgada e incorrecta, ha conseguido ya tener segunda temporada. Enhorabuena.

 

Marilo C. Calvo

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