Txa Tei – Un excelente descubrimiento (¿o un japonés por descubrir?)

Dicen que el azar es cuando Dios firma como anónimo. Pues fue precisamente el azar lo que nos llevó a este restaurante de la calle Don Ramón de la Cruz, al local donde hasta hace unos pocos meses se ubicaba un “Finos y Finas”, en el número 49. ¡Magnifico azar!

Salíamos del teatro Marquina un viernes por la noche y llovía a mares. Y, a pesar de la permanente animación que reina en el barrio de Chueca, no sólo los viernes, sino prácticamente todos los días de la semana, recorrimos un par de locales de la zona y estaban desiertos. Quizás por el tiempo, quizás por ser víspera de Semana Santa… pero, como no era cuestión de estar deambulando con los goterones que caían, y menos aún sin paraguas, decidimos tomar un taxi y dirigirnos más cerca de casa, más hacia la zona pobre del barrio de Salamanca (cruzando ya Príncipe de Vergara).

Y de pronto, por azar, recién montada en el taxi, recordé haber visto hace ya unas semanas un restaurante japonés que llamó mucho mi atención, justo en el área al que nos dirigíamos. Y allí enfilamos. No les engaño, que del restaurante en cuestión no sabía nada, ni siquiera su nombre. Sólo que yendo de paseo por el barrio, la gran vitrina de entrada me había parecido tan original y tan “japo-auténtica”, que me había obligado a cruzar de acera para cotillear el local un poco más a mis anchas. Y, aunque a primera vista, me pareció que el interior del local no había cambiado demasiado, el corte elegante y sobrio de la entrada, sin ese toque kitch (o un poco falso) que actualmente tienen casi todos los japoneses, había picado sin duda mi curiosidad. Así que, ¿a dónde mejor podíamos ir?

Ahora sé que el restaurante en cuestión se llama Txa Tei y después del fiasco de “Seducción a la Carta”, he vuelto a recuperar la confianza en mi intuición gastronómica. Dije que esperaba, después de la cal, tener una de arena (¿o al contrario?) y así ha sido. Está claro que en esta vida, no hay como perseverar.

El restaurante, por lo que he leído, existía previamente en un local más pequeño en la Calle General Pardiñas y es propiedad del joven cocinero Hisato Mori, natural de Osaka, que después de trabajar varios años en el Miyama de la calle Flor Baja, decidió probar suerte por su cuenta. Y, desde luego, a juzgar por la calidad de sus platos, merece que le vaya bien…incluso, mejor que bien.

La entrada, como digo, me gustó mucho. Al gran ventanal, al que sus predecesores ya la habían sacado partido, le ha dado un toque de sencillez y distinción a partes iguales, que me parece muy acertado.   El interior es algo más flojo pero sencillo y agradable; con algún que otro toque interesante (como el gorro de guerrero tradicional o los grabados) y algún detallito a mejorar (como un clavo en la pared izquierda, del que no cuelga nada…). En mi opinión, quizá haya mantenido una distribución de mesas tan parecida a la que tenía anteriormente el local que hace difícil al comensal que ya haya estado allí, recordar que no está en el antiguo “Finos y Finas” sino en un nuevo restaurante. Pero, en su defensa, hay que admitir que la estructura “tipo pasillo” del local (mucho más largo que ancho) condiciona. Eso sí, en cuanto sacan los platos con la porcelana importada del mismísimo Japón y degustas el primer bocado, consiguen trasladarte de continente y te olvidas, por completo, que estás en Madrid y que hace un año estuviste allí mismo comiendo al más puro estilo mediterráneo.

La carta es extensa e interesante, con muchos platos que dan ganas de probar y, al menos por los que probamos, todas las opciones merecen la pena. Los niguiris están todos espectaculares, con un arroz exquisitamente cocinado, un corte de pescado extraordinario y una salsa de soja con un sabor lleno de matices. Delicados y excelentes, tanto los más tradicionales como los flambeados. Los makis de atún picante con crujiente, buenísimos. Después de estos dos platos ya te das cuenta, aunque no seas un experto, de que este restaurante, a pesar de no tener precios excesivos, juega en otra liga que nada tiene que ver con la multitud de japoneses de “segunda división” que brotan como setas en la capital. Y ya, cuando pruebas su tempura, ya sea de carabineros o de verdura, con ese crujiente delicioso que nada tiene que ver con los churros rellenos que he llegado a probar en japos de medio pelo, te conviertes en un incondicional del Txa Tei. ¡Que finura!. Por último, su arroz Soboro Gohan (con carne picada y sésamo), sabrosísimo y muy apto para los no tan amantes de lo japo, te reafirma en esta convicción.

Txa tei Restaurante Japonés en MadridPara mi gusto, solo decayó un pelín el menú con los postres. En un intento (o asi lo interpreté yo) de fusionar el postre europeo con la cocina japonesa hacen varias ofertas en la carta entre las cuales nos decantamos por un “cheesecake” con bollo de arroz. La presentación, aunque el platillo donde iba servido era bonito, nos pareció excesivamente minimalista: apariencia de dos croquetillas en el plato, por no mentirles. Quizá nos chocó demasiado porque este minimalismo contrasta demasiado con la oferta tan visual y calórica a la que estamos acostumbrados los occidentales (sino ¿de dónde procede el exitoso banana-split que todos hemos pedido alguna vez?) pero, aun así, creo que habría ganado con algún detalle sencillo que le diera algo más de gracia (una pequeña florecilla de azúcar o salsa dulce, por sugerir). Aunque, sinceramente, lo que de verdad no nos acabó de convencer en este plato fue la escasez de azúcar y la textura, con la que no encuentro más similitud que una especie de baozi (o pan al vapor chino) relleno de mermelada insulsa y algún queso espeso fundido. A pesar de todo, este traspiés con el “cheescake” supuso simplemente un detalle menor que no fue suficiente para eclipsar la exquisita cena y que interpretamos, como decía antes, como un fallido intento de aproximación a nuestra cultura, esforzado aunque no conseguido (y que casi me sonroja mencionar dado el nivel que demuestra el chef en el resto de sus platos).

Por lo demás, no les exagero si les digo que la esencia de su comida es “la excelencia”; hasta tal punto que considero que es un sitio al que merecería la pena ir, incluso sólo, sin nadie, para disfrutar de la calma que se respira y poder disfrutar del simple placer de comer nipón. Lo que uno esperaría encontrar en un restaurante tradicional japonés de alta calidad pero con un precio medio (en torno a 35-40 EUR por cabeza, 42 el menú degustación si os animáis); eso es lo que encontraréis en el Txa Tei .

En definitiva, un restaurante donde en un ambiente sencillo y discreto sobresale, sobre todo, la calidad de la comida. Excelente. Exquisita. Delicada. Y, a mi juicio, aún muy poco conocida por los numerosos adeptos a los restaurantes japoneses que habitan en Madrid. ¡Mi enhorabuena al maestro Hisato Mori! Y mi recomendación de japo para ir sólo, en pareja o en pequeño grupo. Espero que lo disfruten…y permitan que el azar les lleve.

                                                                                                                                             La Guindilla

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