THE ASSASSIN, LA ASESINA

De Museo 

                                                                                                                                     Por Mariló

Es tan apabullante lo que encontramos después, que corremos el riesgo de olvidar el magnífico comienzo de esta película.
En blanco y negro; un tranquilo paraje campestre acoge un encuentro entre soldados ceremoniosamente convocados. Un imponente caballo negro y su jinete aparecen  entre ramas y desaparece entre abedules. Todo está en calma.
Pero en un visto y no visto, el saludo entre caballeros es interrumpido por un acrobático salto. Una dama de negro con una daga fugaz, secciona la yugular de uno de ellos; un corte seco y un sonido frío, rasgando el silencio que se ha formulado al aire.
La siguiente escena; multicolor. Un baño caliente ritualmente preparado para la joven asesina que traspasa la pantalla con los aromas del incienso y los pétalos al vapor.
Poco después, un pictórico amanecer en un brumoso lago. Y aún con el aliento entrecortado por la secuencia inicial, el movimiento apenas perceptible del agua, la brisa en las hojas y los sutiles cambios de color en el cielo, comienzan a embriagarte… Impresionante.
Apenas llevamos unos minutos.

Claro que el tiempo y tempo de esta cinta, se dilata. Y no es que sea lento, es atemporal.
El filme, en formato 4/3, hipnotiza con paisajes encuadrados -como enmarcados- que parecen panorámicas; que combinados con otros más abiertos en planos secuencias y pausados paneos, sumergen al espectador en otra época y hasta lugares lejanos, poderosamente bellos. Para contarnos -y quizá es lo de menos- una historia de venganza, familias y guerreros.

Este melodrama de artes marciales, firmado y filmado por Hou Hsiao-Hsein es de museo; de obra de arte, de exposición…

Ese otro cine que es la esencia del mismo. 

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Inspirado en un relato corto de la Dinastía Tang, pertenece al género wuxia que el director taiwanés revela y reinventa. Aunque sigue muy presente en la cultura oriental hoy en día, nos remite al siglo IX cuando el héroe solía tomarse la justicia por su mano. En occidente, esos cuentos chinos, se hicieron conocidos -de alguna manera- por Tigre y Dragón con sus luchas acrobáticas y voladoras.

En éste, La Asesina es una heroína que cambia odio por compasión.

Nie Yinniang -interpretada por la musa del director, Shi Qi– es una princesa desterrada; adoptada e instruida por una monja, se convierte en una excelente asesina de destreza inigualable.
Precisa, ligera y bella. Enseñada para no sentir, es la encargada de dar muerte a su primo, un gobernador disidente de la nobleza del que había estado enamorada… Sorteando los tejemanejes de los distintos clanes, guarda la promesa pero no cumple con el destino.
Su piedad -no mata en presencia de niños- implica un castigo. Su amor; su redención y su libertad; aunque con tristeza, como el pájaro azul del cuento que comienza a cantar a su reflejo…

La narración que Hou Hsiao-Hsien leyó en su juventud, le ha llevado una década convertirla en film. Artesanalmente y con mucha delicadeza, recrea minuciosamente la época en una continua experiencia visual y sonora que sugiere y envuelve, elevando cada secuencia a monumental espectáculo; lo que le valió indiscutiblemente la mejor dirección en el pasado Cannes.

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En The Assassin, vemos auténticos cuadros en cada plano y pura teatralidad en la puesta en escena. Hay más poesía que acción, eso si, pero es todo un espectáculo; el naturalismo tan inusual con una perfecta construcción del espacio y las perspectivas, y los interiores -tan barrocos- como si la cámara estuviera escondida a través de livianas y sugerentes gasas. Convirtiéndonos en seducidos mirones, cual sirvientes del palacio; con todo expuesto y a la vez, cargado de secretismo.
Y cómo están dirigidas las escenas de lucha, que sin estar ensayadas ni postproducidas con efectos especiales, se me antojan más reales y estéticas, que las saltarinas -coreografiadas con cables y golpes imposibles- de anteriores superproducciones wuxia.

Con una magnifica y rigurosa dirección aún con recorridos de cámaras casi estáticos, hay movimiento y hay vida porque hay emoción; en la luz, en la texturas, en las llamas de las velas y en las sedas de las cortinas.
Es un cine de una deliciosa narrativa visual; entre el sueño y la vigilia, y entresueños.
Y así, disfrutamos de unas ceremonias ancestrales y preciosistas con paciencia y extraordinarios ritos (como el baile para y entre la pareja real; con sus vestidos, peinados, horquillas…) Fondo y forma de altísimo lirismo pero también, erotismo y hechizos; rojos, oros y humo negro. Y la continua presencia fantasmal de la asesina, entre telas y columnas.

Cautivadora y exquisita, candidata a los Oscar para mejor película extranjera, diambula entre lo hipnótico y contemplativo; entre el éxtasis y la abstracción.
En esta fábula atmosférica de tremenda elegancia y poder visual, lo detallado se siente. Y frente a un final poco convencional, como si nada hubiera pasado…

Puro virtuosismo y placer sensorial.

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