SICARIO, o cuando el enemigo es el narcotráfico

SICARIO

El 19 de mayo de 2015 un canadiense sacudió el festival de Cannes, posiblemente el certamen cinematográfico más importante del año. Se trataba de Denis Villeneuve, y los críticos saludaron su nuevo título, Sicario, como un prodigio más en medio de una carrera que desde que se hizo internacional gracias a la estremecedora Incendies, nominación al Oscar incluida, no ha dejado de dar muestras de una creatividad al alcance de muy pocos directores.

Cuesta trabajo no imaginar a Villeneuve luchando por conseguir lo que en su día Steven Soderberg, responsable de Traffic, dio por imposible. Steven se retiró de la dirección de largometrajes cansado de las trabas de una industria que anteponía la taquilla al arte, y Denis, una vez trasladado a los Estados Unidos, sin estatuilla pero con prestigio, comenzó a darle al cine material para la historia.

Su primer regalo fue Prisioneros, con Jake Gyllenhaal y un sublime Hugh Jackman como protagonistas. No era tan dura como Incendies pero se quedaba cerca, lo cual llamaba la atención para ser un primer proyecto potente en Hollywood.

Con Enemy, basada en la estupenda novela de José Saramago El hombre duplicado, fascinó a medio mundo e irritó al restante, con ese relato críptico de un profesor que encuentra, viendo una película, a un actor exactamente igual a él. Las teorías acerca de su mensaje y de su plano final volaban en preguntas sin respuesta o en planteamientos que no terminaban de convencer. Pero polémicas aparte, hubo un amplio consenso en el hecho de la urgencia y necesidad de ver Enemy para ser uno más en la lista de espectadores a opinar.

Su tercer intento hasta la fecha es Sicario. Los comentarios desde Cannes no daban crédito: Denis Villeneuve lo había conseguido de nuevo, había noqueado a los ocupantes de cada una de sus butacas y seducido a quienes allí vieron este acercamiento a la lucha contra el narcotráfico en la frontera entre México y Estados Unidos. Otro hito en tiempos en que el cine, sea o no de autor, apenas puede defender un nivel más allá del puntual acierto objetivo, tras el que se suceden insatisfactorias obras de complacencia.

Villeneuve maneja la cámara en Sicario de forma tan admirable que solo cabe el disfrute. Sus planos pueden ser extremos, pero retrata la atmósfera en que se mueven informadores, traficantes y agentes con una verosimitud tal que lejos de resultar insoportable, se vuelve absorbente. No podemos desatender nada de cuanto ocurre en la pantalla porque todo es importante, lo que se dice y lo que no, lo que vemos y lo que se nos oculta, el cómo y el cuándo.

Por esta película se recordará a Benicio del Toro. El puertoriqueño se mide a Josh Brolin, Emily Blunt y Daniel Kaluuya y sale vencedor con honores. Pero también es un título en el que destaca la banda sonora, del islandés Jóhann Johansson, el mismo que firmó la música de Prisioneros y fue candidato al Oscar por la partitura de La teoría del todo. Aquí rompe moldes, una vez más, y crea un leit motiv de antología que se citará entre sus grandes composiciones.

Y por último, alabar de Sicario su extraordiaria fotografía. Roger Deakins, artesano sin Oscar pero con 12 candidaturas en su filmografía, no necesita demostrar ya nada para seguir manteniéndose entre los mayores genios de su categoría. Fargo, Cadena perpetua, Skyfall, No es país para viejos o El hombre que nunca estuvo allí tienen su sello, pero si era posible superarse, Deakins lo ha logrado. Las pantallas hace mucho tiempo que no proyectan atardeceres como los que se pueden ver en esta película. Esos no hay ordenador que los reproduzca por mucha definición que tengan porque se trata de vivir una experiencia, no solo de verla. Su trabajo debería generar un premio nuevo para recompensar a Roger como se merece, porque Deakins, no habiéndolo ganado, ya está por encima del Oscar.

No es cualquier película, Sicario, Uno sale de verla con la sensación de que no ha sido otra más. Pese a sus trazas de La noche más oscura o Traffic nada en un mar con personalidad propia. Porque los elementos narrativos son los mismos para todos, pero está en cada director utilizarlos de manera que generen un espectro particular solo atribuible a quien lo firma. Y Villeneuve, haciendo gala de una fuerza audiovisual sin competencia, se vuelve único y rueda con la autenticidad de un maestro una obra que marcará un antes y un después en el universo cinematográfico de la droga.

Silvia García Jerez

@Silbidos

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