SAMUEL MAOZ: Los premios son una manía peligrosa

Samuel Maoz ha pasado por Madrid para presentar Foxtrot, el film que Israel envió al Oscar y que se ha quedado a las puertas de la nominación. El director de la inédita Lebanon, estupendo León de Oro de Venecia en el año 2009, estrena, esta vez sí, su segundo trabajo, una historia familiar contada en tres tiempos sobre la sinrazón de la guerra y cómo afecta ésta, la sinrazón, aunque también la guerra, en las decisiones que tomamos. La Cronosfera habló con Samuel sobre los aspectos más llamativos del film, sobre su concepción técnica y artística y sobre la otra sinrazón: la de los premios varios.

Un padre en busca de respuestas en FOXTROT
Un padre en busca de respuestas en FOXTROT

La Conosfera: ¿Por qué Foxtrot después de Lebanon?
Samuel Maoz: Lebanon fue mi primera película. Fue una historia personal que describía mi experiencia y mi punto de vista como francotirador en un tanque. Emocionalmente, como un joven de 20 años que nunca había hecho ningún tipo de acto violento, una mañana me encuentro con que tengo que empezar a disparar a la gente. Entonces tenía sentimientos encontrados. Puedo decir que sufrí una especie de post trauma. Nada típico, no el habitual cliché de trauma. Soy sociable, tengo familia, no soy depresivo, no tengo pesadillas… pero ese trauma me apartó de la vida durante muchos años. Así que en Lebanon hablo de mí mismo.
Además, cuando se estrenó la película, me di cuenta de que yo no era el único. Que la sociedad israelí tiene muchas versiones de personas como yo. Demasiadas. La respuesta a por qué la sociedad israelí se comporta como lo hace es porque somos una sociedad traumatizada. Nuestra memoria emocional está llena de traumas pasados como el Holocausto, y esta memoria es más fuerte que cualquier realidad lógica actual. En Lebanon hablé del trauma y en Foxtrox hablo del post trauma.
En Foxtrot añadí una capa de más. Foxtrot es una herida abierta gracias a ese círculo traumático en el que estamos encerrados, y gracias a eso terminamos bailando el foxtrot. Los pasos del foxtrot obligan a volver al punto de partida a cada generación.
L.C.: La película es dura con el Gobierno y con el Ejército, pero lo es más aún cuando se trata de exponer la naturaleza humana, las decisiones que tomamos y las consecuencias que tienen.
Samuel Maoz: Sí, pero este elemento en la película ha salido de una historia personal que me ocurrió a mí hace mucho, cuando mi hija mayor iba al colegio. Ella nunca se despertaba a tiempo y siempre me pedía llamar a un taxi, por lo que empezó a costarnos mucho dinero y me parecía que la estaba maleducando. Una mañana me enfadé y le dije que cogiera el autobús como todo el mundo, y si llegaba tarde, pues llegaba tarde. Yo era así como padre, pero nunca más lo he vuelto a ser.
El autobús era la línea 5, me acuerdo perfectamente, una línea bastante concurrida en Tel-Aviv, una línea central. 20 minutos después de que se marchara oí en la radio que un terrorista se había autoinmolado en la línea 5 y que habían muerto decenas de personas. Fue el principio de la época de los móviles e intenté llamarla, pero la línea estaba colapsada por la sobrecarga y viví la peor hora de mi vida hasta que mi hija volvió a casa diciendo que por segundos había perdido ese autobús y tuvo que coger el siguiente.
Me pregunté que qué podía sacar yo de esa experiencia, porque en realidad había hecho algo que era lógico. Y me di cuenta de que no podía aprender nada, pero podía explorar ese desfase entre las cosas que podemos controlar y las que no. Esa fue la primera estimulación para hacer esta película. Si podemos dirigir nuestro destino y si podemos, a qué precio. Ese es el elemento no político, y el más puro.

Yonathan en pleno baile con su rifle en FOXTROT
Yonathan (Yonaton Shiray) en pleno baile con su rifle en FOXTROT

L.C.: Es una película de guerra con un tempo inesperado respecto a lo que el género nos tiene acostumbrados.
Samuel Maoz: En primer lugar porque no hay guerra. La guerra no existe. Nos dicen que estamos en guerra. Pero lo que hay es una ocupación innecesaria. Y también tengo que decir que entiendo por qué la gente dice que Lebanon y Foxtrot sean películas de guerra, pero para mi las películas de guerra son películas que glorifican la guerra. Yo utilizo la guerra como una situación extrema para investigar el alma humana. Los conflictos entre la moralidad básica y nuestro instinto de supervivencia, como otras obras maestras tipo Apocalypse Now o El cazador, que son películas sobre el alma humana.
L.C.: El momento del baile del soldado es muy llamativo, por él mismo y por a qué altura de la película está situado.
Samuel Maoz: Creo que hay un contrato no escrito entre el director y el público. El público quiere disfrutar la película y ellos seguirán la dirección en que el director decida ir. Solo hay una condición: tienes que mantenerte en tu camino. En el mismo camino. Y yo he roto ese contrato, y después de 35 minutos rompo brutalmente con la historia que se cuenta y me voy a otra, con otro reparto, en una localización distinta y con otro estilo cinemtagráfico. Saco al público de una historia justo en el momento en que esa historia tenía un cambio dramático sorprendente y paso a otro mundo. En ese momento tengo un minuto o dos para volver a atraer al público, si no, lo voy a perder. Y el plano de inicio cumple con ese truco, que es muy sencillo. Porque hasta entonces el público ha estado bajo mucha tensión y es muy fácil hacerle reír porque quieren sentir cierto alivio, con el humor absurdo del camello, por ejemplo, o con un baile loco.
L.C.: ¿Y cómo lo planteas? ¿Cómo decides que sea así?
Samuel Maoz: Elegí el foxtrot porque primero vemos a los viejos en Israel, cuando va a visitar a su madre, y quería mostrar que hay muchas maneras de bailarlo. Cuando yo era soldado solían decirnos que necesitábamos tratar a nuestro rifle como si fuera nuestra novia. Querían crearnos una relación emocional entre nosotros y nuestras armas, entonces me parecía una especie de ironía.

Samuel Maoz en la presentación de FOXTROT
Samuel Maoz en la presentación de FOXTROT en Madrid

L.C.: La planificación de la película es increíble. Tiene muchos planos cenitales, uno en el que la cámara gira alrededor de un personaje y sigue por un pasillo y otra en la que el punto de vista cenital nos muestra algo que, para no contar esa escena clave de la película, es tan demoledor que no puede olvidarse.
Samuel Maoz: Para ese momento quería crear el punto de vista del destino. No es un acto de Dios, es que nosotros somos peones dentro de una caja de juegos. Para el momento en que la cámara gira cuando le van a abrir la puerta al perro, elegí el suelo porque sabía que cuando la cámara empezara a girar nos iba a crear una especie de mareo real.
L.C.: Me da mucha pena que la película no haya pasado el corte final de pre nominadas al Oscar y no haya sido una de las elegidas por la Academia para competir por él. De las que sí lo han conseguido, ¿tiene alguna película favorita de cara al Oscar a la mejor película de habla no inglesa?
Samuel Maoz: No las he visto porque la promoción ha sido muy maratoniana y no he podido. Pero sobre los Oscars, para las películas inglesas son un privilegio, pero en realidad van a tener éxito también sin él. Pero las películas extranjeras lo necesitan, no porque forzosamente reflejen, si lo ganan, la calidad que tienen sino porque… digámoslo así: todos los borrachos de la calle saben lo que es el Oscar y lo que representa. Pero he aprendido que los premios son una manía peligrosa: ganas una vez y quieres ganar otra vez y al final te olvidas del verdadero propósito de tu trabajo. Entonces, mientras pueda crear y me produzcan las películas me consideraré un hombre muy afortunado.

Silvia García Jerez

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