Parker Posey estrena COLUMBUS

Leer en los créditos de una película el nombre de Parker Posey implica que lo que estamos a punto de visionar no es arquetípico y, de hecho, ver Columbus supone una experiencia ante la que dejarse llevar por la vista y el oído de sus diálogos reflexivos y fascinantes.
Columbus es la ópera prima de Kogonada, y a tenor del trabajo realizado en ella, se trata de un autor al que seguir muy de cerca.
Columbus habla de un encuentro, el del hijo de un arquitecto en coma que vuelve de Seúl ante la situación familiar a la que se enfrenta y una joven que vive en la ciudad del título con su madre, una mujer que trata de salir de sus adicciones con todo lo que ello implica, incluso esconderse de su propia hija. Cuando uno no está bien reacciona de formas extrañas, pero a Casey (Haley Lu Richardson) no la detiene el cuidar de ella ni sus sueños truncados de conseguir ser uno de los arquitectos a los que tanto admira.

Haley Lu Richardson, la estrella de COLUMBUS
Haley Lu Richardson, la auténtica estrella de COLUMBUS y su verdades revelación

Parker Posey, musa del cine independiente norteamericano en la década de los 90 en los títulos de Hal Hartley (Amateur o Henry fool) es el nexo de unión entre el joven traductor de libros al coreano y su padre enfermo. Pocas son sus intervenciones en la película, pero se hacen completamente decisivas.
También aparece en el reparto Rory Culkin, hermano pequeño del legendario protagonista de Solo en casa, Macaulay, pero los auténticos protagonistas de Columbus son John Cho, el Sulu de las últimas Star Trek, y Haley Lu Richardson, vista en Múltiple pero no lo suficientemente apreciada porque ni su papel ni su talento podían entreverse en la cinta de M. Night Shyamalan.
Ambos logran en Columbus la composición de una pareja asombrosa. Sus paseos, sus conversaciones, la fascinación que despiertan el uno en el otro, la comprensión de encontrar a un alma que te entiende y te dice lo que debes oír independientemente de que sea de tu agrado resulta tan reconfortante como lo fue la que Bill Murray y Scarlett Johansson tenían en Lost In Translation.
Pero no solo por asistir a esa relación de compenetración máxima vale la pena Columbus. También por admirar el brillante ejercicio de dirección de Kogonada, que fusiona a sus personajes con la arquitectura que analiza y nos presenta planos generales en los que los caminantes son una parte más del paisaje.
Los encuadres extremos, con los personajes reflejados en los espejos, como ya vimos en la reciente Alanis, o los primeros planos de belleza escalofriante, como el de esa mano que sigue la estructura del edificio que describe, son momentos que ningún amante del cine debería perderse, aunque el film se estrene solo con 9 copias en nuestro país. Valdrá la pena que quien la tenga cerca la disfrute y que quien no, espere a los formatos caseros, que siempre llegan.

Silvia García Jerez

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