NO CULPES AL KARMA DE LO QUE TE PASA POR GILIPOLLAS

La portada de la novela en que se basa la película
La portada de la novela en que se basa la película

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas es un título más que llamativo, no solo por largo, algo evidente, sino porque es divertido y lo que promete diversión resulta ser un reclamo. Tal vez por eso la novela de la que parte la película, escrita por Laura Norton, se convirtió en el Best-Seller cuya adaptación a la gran pantalla ahora se estrena. Por eso y porque el contenido tras la tapa también entretuvo a sus lectores, de lo contrario no habría conseguido llegar a las 30 ediciones publicadas que avalan un éxito digno de llevarse al cine. Toca entonces, tras el cambio de medio, juzgar hasta qué punto nos lo pasamos bien con la película.
Partimos de la elección como protagonista de Verónica Echegui, excelente actriz en todos los registros desde que la conocimos en Yo soy la Juani, la estupenda cinta dirigida por Bigas Luna que la dio a conocer hace diez años. Aquí es Sara, una joven que piensa que algo muy malo tuvo que hacer en otra vida para que el karma le devuelva la mala suerte que ha sufrido desde que en el Instituto su adorado Aarón no le hiciera el caso que ella deseaba.
Las plumas se convirtieron entonces, por razones que la propia Sara nos cuenta en el momento apropiado, en sus más preciadas amigas, y a ellas dedicó su profesión, pero tampoco parece que su tienda de diseños con dicho elemento vaya demasiado bien. Ni siquiera su familia resulta un apoyo, ya que sus padres se están separando, a su novio hace un año que solo lo ve por Skype y para colmo su hermana les comunica a todos que está a punto de casarse… con el Aarón ya adulto que ocupó la mente y el corazón de Sara en su adolescencia.

Las plumas son una parte muy importante de la vida de Sara (Verónica Echegui)
Las plumas son una parte muy importante de la vida de Sara (Verónica Echegui)

Verónica Echegui consigue que un personaje estereotipado como el suyo llegue a ser entrañable, pero no porque Sara lo sea, ya que sus características, más cercanas a las de Bridget Jones que a las de una heroína admirable en su desgracia, no favorecen a actriz alguna. Pero Verónica tiene oficio y talento, dos armas con las que se puede defender lo más indefendible.
El resto del film vascula entre chistes a veces más afortunados, otras menos y momentos brillantes que se mezclan con otros eternos que no aportan nada a una historia demasiado alargada.
María Ripoll, su directora, aquella que firmó Lluvia en los zapatos, una de las primeras producciones internacionales en las que intervino Penélope Cruz, y la misma que el pasado año estrenó la decepcionante Ahora o nunca, con Dani Rovira y María Valverde, regresa a las carteleras con un nuevo trabajo.
No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas sufre uno de esos males tan comunes del cine contemporáneo: no acabar de convencer. Cuando parece que discurre por un camino aceptable (con esa comida familiar en la que padres y hermana revelan su estremecedor presente, o el momento en que Sara le exige a su novio que elija un camino y se lo cumunique delante de su hermana), se enroca en cambiar el rumbo y se pierde en vericuetos que no le hacen ningún favor al resultado.

Sara se verá metida en las situaciones más diversas a lo largo de la historia
Sara se verá metida en las situaciones más diversas a lo largo de la historia

No es descartable que el público ría en según qué tramos, con según qué chistes, pero en conjunto se desinfla demasiado, sobre todo en el tramo final, ubicado muy lejos de España para darle a la historia un giro que poco o nada bueno le aporta. Y eso a pesar de las admirables interpretaciones de David Verdaguer, ese novio que nunca está y que tampoco estuvo en la sobrecogedora 10.000 km, o de la estupenda Cecilia Freire, fantástica revelación de la película en el papel de la amiga jefa que da lugar a algunas de las escenas más brillantes de la película, o de Elvira Mínguez, actriz que ya no tiene nada que demostrarle a nadie pero que aún así sigue dominando la pantalla, incluso con personajes casi insignificantes, destacando con la rotundidad y maestría que se espera de ella.
No culpes al Karma de de lo que te pasa por gilipollas pretende ser una comedia disparatada y resulta estupenda cuando lo consigue, pero es una pena que cuando se aleja de la intención que persigue, de disparatada pase, tristemente, a ser un disparate.

Silvia García Jerez

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