Martinete

Tenía ganas de volver al “Martinete” y este sábado repetimos.

Me gusta el ambiente del sitio, que no sé porque me trasporta de ciudad. Tanto la entrada al restaurante, con sus acertadas puertas rojas y grandes ventanales, como su interior, acogedor, vistoso y como decía la canción “arreglao pero informal” son un acierto (mis felicitaciones al interiorista Lázaro Rosa-Violán!). Tiene este local una tenue iluminación y una falsa chimenea, que te hacen sentir como en casa (con la ventaja de no tener que cocinar). Y, sobre todo, cuenta con unas sillas cómodas y una separación entre las mesas, idónea para crear ambiente pero sin impedir la intimidad del grupo. Esta es una característica que la gente suele pasar por alto pero a la que yo doy mucho valor; porque es muchas veces el “toque” que puede garantizar el éxito de una prometedora velada.

Así que, un 10 a este local por el ambiente que es capaz de crear!! He llevado bastantes amigos a este local y todavía no conozco ninguno al que no le haya enamorado o casi. El ambiente, como digo, predispone, y la comida, más que correcta, regada de una botellita de vino hace el resto. Así que, efectivamente, una noche de nuevo para recordar. No pudimos pasarlo mejor. El pulpo a la parrilla que pedimos, es un “must”; excelente. La burrata y las croquetas, muy ricas. Y los segundos: tartar de salmón con aguacate, merluza a la vizcaína, hamburguesa de carne de wagyu con brioche y tartar de salmón con aguacate, todos buenísimos. A destacar, como segundo, el steak tartar “al momento”, con su salsa. Espectacular. Por poner un pero, el tataki de atun, rico pero pidiendo a gritos una salsa, que le falta. En cuanto nos la trajeron, la cosa mejoro mucho.

¿Y qué decir de los postres? Para los amantes de queso, sin duda la tarta casera de queso de cabra es el plato obligado. Pedimos sólo una y, claramente, nos quedamos cortos y vamos a tener que volver para repetir…Eso sí, el queso como digo es de cabra y el sabor bastante intenso. Para el que no sea tan quesero, la muerte por chocolate es también muy buena opción.

En fin, que nos quedamos tan a gusto y lo estábamos pasando tan bien, que no nos quedó otra que pedir unos gin tonics para alargar la velada. Y, a pesar de que no habíamos cenado nada mal, nos acabamos las riquísimas nueces con toque garrapiñado que nos pusieron para picar…e, incluso, pedimos otro plato. Que vicio!

En resumen, sitio muy recomendable con buen ambiente y buena comida. Precio, equilibrando bastante el binomio calidad-precio (pagamos casi 50 por barba con vino y copas incluidas) y muy buen servicio. Lo mejor y más indicativo…te quedan ganas de volver aunque no haya sido la primera vez que vas.

Y una última recomendación: el que vaya a repetir y haya estado en invierno, en verano ponen una terracita bastante apetecible (aunque no esté en un jardín interior).

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