LOS ODIOSOS OCHO: La extraña joya de Quentin Tarantino

THE 3La simple mención de Quentin Tarantino produce un torrente de sensaciones que basculan entre la idea del director genial hasta la que afirma que su manera de hacer cine ya es reiterativa, y a falta de elementos nuevos que reaviven la grandeza que un día tuvo y que se le sigue adjudicando por inercia, da pereza acercarse a ver sus películas. Él mismo admite que no se separa demasiado de sus cánones porque todo intento de renovarse es recibido siempre negativamente. Y hace bien: son sus guiones, convence a los productores para obtener la financiación y los fans esperan anhelantes el estreno. Todo en su sitio.

Después de Django desencadenado, película que gustó a más espectadores respecto a los que quedaron defraudados con ella, escribió The hateful eight, título contundente para un western teatral. Pero a punto de empezar la producción salta la noticia: alguien del equipo, inicialmente uno de los intérpretes, había filtrado el guion en Internet y Quentin se echó atrás. No quería filmar algo que ya habría leído un potencial espectador. Pero luego se arrepintió y decidió que la haría, a pesar de todo.
Y la hizo. Solo que no en un formato normal. Él siempre ha dicho que el cine murió con la retirada del celuloide y la invasión de lo digital. Si analizamos el declive de la parte artística del cine desde la introducción de los nuevos modos de realización y proyección, se puede, perfectamente estar de acuerdo con Tarantino. De alguna forma, una vez desaparecidos aquellos productores-estrella tipo Darryl F. Zanuck, el celuloide simbolizaba la sujección de los directores volcados en la calidad del cine para que éste siguiera teniéndola, pero una vez anulada esa base, se impone la industria. Por eso Quentin quiso rodar The hateful eight en 70mm, en el mismo formato en que nació Lawrence de Arabia. Y Harvey Weinstein, productor habitual de Tarantino, se lo permitió.
Convertida recientemente en Los odiosos ocho, traducción literal del título original, llega a los cines españoles e independientemente de la pena que pueda dar que no lo haga en el formato soñado de su creador, hay que alegrarse de que se pueda ver en pantalla grande. No solo porque merece la pena verla en una sala, sino porque es, tal vez, la única manera de llegar a la conclusión de que la película es extraordinaria.

Tenemos aprendido que sin un buen guion es imposible hacer una buena película… hasta que Tarantino demuestra que esa afirmación no es correcta: con un guion muy malo se puede obtener una película tan buena como la mejor que recuerdes. Porque Los odiosos ocho tiene uno de los peores guiones que se han escrito, con diálogos imposibles que no se entiende que estén presentes en una producción de este calibre. En televisión, un material semejante es carne de zapping instantáneo.

Pero a Quentin TarantinTHE 2o el cine le corre por las venas y a pesar de que el texto no es lo que cabría esperar, su manejo de la cámara, la dirección de actores, la fotografía de Robert Richardson o la música de Ennio Morricone se juntan para crear un auténtico espectáculo. Todo cuanto vemos y escuchamos resulta hipnótico. No podemos apartar la vista de la pantalla, y es entonces cuando el famoso consejo de que el cine hay que verlo en el cine cobra todo su sentido. En la sala oscura dan ganas de aplaudir cada plano, cada momento. Tal es el nivel de disfrute que Tarantino ofrece.
Pero donde el guion no es bueno, la historia sí, y al desplegarse ésta frente a nuestros ojos, al estallar la película y definirse por completo, al convertirse Los odiosos ocho en el film que estábamos esperando, el cénit sabe todavía mejor. Para cuando Tarantino le da la forma definitiva y sentido a todo lo que antes nos sobraba, entendemos que nos encontramos ante una obra mayor del director. No hacía nada tan grande desde Kill Bill, aquella joya protagonizada por Uma Thurman que duraba cuatro horas y que los hermanos Weinstein, recordemos, sus productores, le hicieron cortar y estrenar en dos partes.
Los odiosos ocho dura solo tres. Para muchos será demasiado, para otros, insuficiente. Pero eso es lo que tarda en contar la historia de un cazarrecompensas que viaja en diligencia con una prisionera fugitiva en el tiempo en que las cabezas tenían precio ante la justicia. Por el camino recoge a otros dos pasajeros y finalmente, antes de alcanzar su destino, tendrán que parar en un lugar que los cobije mientras la tormenta de nieve pasa.
No es el qué, es el cómo el que importa. Esos planos cenitales, esas posiciones de cámara que solo los grandes saben utilizar, esos flash-backs en los momentos precisos, esa violencia repleta de humor tan propia de él… Los odiosos ocho es Tarantino en estado puro, el Tarantino que no cansa, que no hace lo mismo de siempre, pese a que sus rasgos distintivos se mantengan intactos.

THE HATEFUL EIGHT
THE HATEFUL EIGHT

No está bien recomendarla sin mencionar a esa mujer que se quedará en nuestra memoria como parte fundamental del universo del cineasta: Jennifer Jason Leigh, que hace maravillas con su Daisy Domergue. Gracias a ella recuperará la fama que tuvo hace décadas y se convertirá en todo un símbolo para las generaciones que no la conocieron en los años noventa. Porque Daisy Domergue está compuesta del material del que se forjan los mitos en el cine: el espectáculo. Sus compañeros de reparto están correctos, al nivel que se espera de ellos, pero el festín que nos regala Jennifer convierte su trabajo en uno de los más adorables y admirables del año. Y a la película en la que interviene en un clásico automático.

Silvia García Jerez

Un comentario sobre “LOS ODIOSOS OCHO: La extraña joya de Quentin Tarantino

  • el agosto 25, 2016 a las 6:48 pm
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    Gracias por el aporte, Sin duda las películas de Tarantino son muy interesantes e impactantes, además siempre elige un elenco completamente profesional y muy capaz. Cuando un actor logra encarnar personajes con personalidades distintas, puede decirse que es un buen actor, así nos demuestra Walton Goggin con su nuevo personaje como Lee Russell en la serie Vice Principals, aquí se presenta como el Vicepresidente de una secundaria, luchando contra Neal Gamby (interpretado por Danny McBride Director también de la serie) que también busca ocupar el lugar vacío del Director de la escuela. Así Walton Goggin nos aleja del personaje que había tomado en la serie The Shield como Detective o en la película “Los odiosos ocho” y nos adentra a uno en donde los tintes cómicos y dramáticos están presentes.

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