LANGOSTA

En el país de los ciegos, el tuerto es el rey

                                                                                                           por Mariló

Ante la pregunta qué animal te gustaría ser, langosta no debe aparecer en el top ten. Ni  en un juego entre colegas ni en un test para una entrevista de trabajo.
Y no es el mismo con el que te identificas que en cuál desearías reencarnarte, ¿verdad?

Pues Colin Farrell se lo cuestiona en la última propuesta del director de Canino, Yorgos Lanthimos. Y es el crustáceo que da título al film, el elegido por su personaje durante el check-in en un curioso hotel de citas, rodeado de lagos y montañas.
Mientras responde a un atípico cuestionario, es informado de las actividades para encontrar pareja, así como de sus excéntricas normas y prohibiciones; entre las que se incluye, no masturbarse y cazar a los restantes huéspedes. De verdad, son las reglas. Alojamiento completo por 45 días con posibilidad de aumentarlos según vayas eliminando a los competidores. Pero quien no consiga acompañante durante su estancia y en el tiempo establecido, se transforma en el animal seleccionado personalmente.

Si se han perdido o piensan qué me están contando, es cierto; esa es la clave del cineasta griego, que provoca tanto estupor como tal admiración; retorciendo aquello de las apariencias engañan.

Con su Langosta, les guste o no, quedarán hipnotizados.
Abierta en canal y partida en dos -así presentada, grande y lujosa, como en la buena cocina-, es una gran historia de amor; de verdad. Aún cuando abofetea su esencia y también cuando es la otra mitad, una gran historia de soledades. Y sin casarse con alguna ni rechazar a ninguna, esta estimulante y brillante fábula bajo el surrealismo y desconcierto que caracteriza a  Lanthimos, posee una exquisita lógica por muy surrealista e histérica que pueda ser.

Con esta película cierra su trilogía sobre las relaciones humanas, aunque parezca mentira por lo hasta aquí contado. Porque en Langosta, unas aceitunas o galletas saladas, destrozan atrozmente el mito del príncipe azul salvador a la par que el del alma gemela; que darte de narices con el amor, no implica sentir lo mismo que tu pareja ni tener que sangrar por igual.

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Superada la anécdota y el prejuicio de cine ratito, con esta Langosta –de digestión más ligera que Canino y Alps, su segundo film-, disfrutarán sinceramente. Y hasta reflexionarán sobre la libertad y la muerte, que ahí están. Y mucho.

Porque todo, absolutamente todo en Langosta, es una metáfora. Grande y lujosa.

Pero no se asusten, que es comedia, algo negra y peculiar; y se reirán.

En la primera hora, quedarán fascinados por El Gran Hotel No Sense; una especie de sofisticado balneario de maravillosa estética, donde hay castigos severos y grotescas pruebas, bailes organizados y camareras entregadas a la causa del desamor.
Magistrales escenas y personajes en este hogar de las últimas oportunidades, para enamorarse o engañarse; donde conocemos a otros variopintos inquilinos como John C. Reilly, que quisiera ser loro -obviando que es tartaja y repetiría tartamudez- y Ben Whishaw, de los pocos que consigue pareja -aún sin encontrar el amor-.

Todo es cuestión de complicidad y no de caducidad; que quede claro, parece decirnos Lanthimos. Y al amor de los directores del hotel, me remito; a su baile, bizarro e hilarante -guiño al numerito musical, típico en su filmografía-. Y a la absurda relación de las amigas, amantes de los ponis -estupendas las actrices fetiches del griego, presentes en todas sus películas-, apuntando otro tipo de pareja.
Que de todo hay en este lugar, salvo bisexualidad… Y por un fallo informático.

Pero Farrell -más corazón individual que solitario- no termina de encajar entre los casados de los que escapa y tampoco en las batallas entre solteros y solteras proscritos.
Así que antes de ser marisco, huye; de todos y de si mismo.
Y escapa al bosque… Donde saborearemos la otra media Langosta.

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Es entonces, cuando verdaderamente lo humano y lo animal se enfrentan. Es en este Bosque, último recurso vital, cuando la metáfora aún deformada, se hace más evidente; como el miedo a la soledad y a la muerte, y también a vivir en pareja y morir solo.

Cerdos, pavos reales y hasta dromedarios -quizá, algunos de los transformados fugados- se cruzan entre los arboles y el follaje, con un grupo de rebeldes radicales que rechazan el amor en todas sus formas. Son Los Solitarios, liderados por la francesa Lea Seydoux, que realizan pequeñas excursiones a la Ciudad pero llevan una vida de supervivencia en el campo, cual exclusiva vida digna para solter@s… Cavan su propia tumba porque no habrá quién y bailan música electrónica para evitar tocarse.

De repente y por qué no, lo ácido, cruel y mordaz se vuelve entrega y sacrificio.

Llega el abandono del yo por el otro. Porque ahí está; el amor. A dos voces -y en off-, la de Farrell y la de Rachel Weisz, creando un lenguaje secreto de símbolos y signos privados que ya quisiéramos muchos tener, la verdad.

De nuevo, esa complicidad única, pero insostenible.

Aunque en el amor y la guerra, todo vale. Y el amor es ciego.

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Ganadora del Premio del Jurado en Cannes, esta cínica película cuenta con los habituales de Lanthimos; su mujer, a cargo del maravilloso diseño de producción y el guionista E. Filippou.

En este supuesto futuro distópico (que algunos verán como presente alternativo, tan saturado de apps para emparejarnos al momento y de cualquier manera), seguimos perpetuando a la pareja como auténtica aceptación social y realización personal… Como en las estupendas secuencias en la Ciudad; la disparatada del guardia jurado del centro comercial -panacea y cárcel de la happy family- y la delirante visita a los padres de la líder, con concierto incluido…

Pero atención a toda la banda sonora de bellísimas cuerdas.

Y fíjense también (mientras se acomodan en la butaca y con los créditos iniciales ya en pantalla), en el brevísimo prólogo que el cineasta nos regala por si al final, no vemos bien el reflejo… Tras unos cristales lluviosos con el parabrisas intermitente, un caballo en el campo se acerca al coche recién parado. El conductor que se aproxima al animal con cuidado, le dispara.

Luego, todo lo escrito; Langosta es transcendente, divertida e inquietante. Con un epílogo tenso, crudo y pertubador que cierra magistralmente la cinta, frente a un espejo.

Y queda claro.

Cinematé Curiosité: ¿Saben que las langostas son de los bichos más longevos del mar y que viven siempre en pareja?

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