LA ZONA

 

La nueva serie de los hermanos Sánchez-Cabezudo nos atrapa en un thriller apocalíptico y psicológico junto a los supervivientes del accidente de un reactor nuclear, en el norte de España.

Después de ver un par de potentes episodios, estuvimos con los directores y el gran Eduard Fernández, protagonista por primera vez de una historia para televisión, junto a dos de las mujeres que le acompañan en La Zona; la estupenda Alexandra Jiménez, veterana en la pequeña pantalla y la recién llegada, Alba Galocha.

Durante 8 capítulos viviremos en la región devastada, entre el área de los recluidos y los restos del desastre; en La Zona donde sus habitantes deben elegir entre la huida o el apego a la tierra, sobreviviendo entre fronteras físicas y morales, con trajes de protección y trapicheos de contrabando.
Han pasado tres años desde la explosión del reactor y Héctor (Eduard Fernández) regresa a su pueblo, más como policía que como único superviviente de la catástrofe. Con la familia rota y al alma anestesiada, continúa siendo un referente en su profesión y en el mismo suceso, pero él apenas busca la razón por la que aún sigue vivo y por la que seguir viviendo.
Reclamado para investigar un caso de asesinato en el área de exclusión, sus pesquisas nos revelarán un paisaje tan fantasmagórico como bello, mientras vamos conociendo al resto de los personajes cargados de contradicciones y justificaciones según aparecen, descubriéndose tras las máscaras más allá de las anti-gas.
En La Zona todo está relacionado, pero fluye con la certera tensión y necesaria densidad, funcionando el misterio que nos deja con ganas de más…

Así que a partir del viernes 27, permaneceremos en La Zona de Movistar+.

Con un excelente reparto e impecable factura, mantiene el nivel de Crematorio, esa otra serie de Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo que supuso un punto y aparte en la ficción de nuestro país, demostrando que se pueden adoptar maneras americanas sin perder la identidad patria.
Y aunque en esta nueva producción, también de cadena privada, sus creadores nos sitúan en el terreno de lo fantástico, su trasfondo no difiere tanto de aquella realista sobre el espejismo económico en Levante, entendiéndose como una consecuencia más de cualquier crisis; cruzándonos igualmente en La Zona con algún constructor (Juan Echanove), algún que otro mafioso (Sergio Peris Mencheta y Carlos Bardem) y por supuesto, algún político.
Pero además nos encontraremos con un criminólogo de la Central de Madrid, que borda Manuel Solo con cierto humor negro, y un joven comisario (Álvaro Cervantes) que arrastra su propio drama dentro de ese submundo originado tras el desastre, del que nadie parece poder escapar. Salvo Héctor. Y sólo cuando recuerda los mejores tiempos con su mujer (Emma Suárez), o cuando visita a su vecina casi bruja y escucha lo que quiere oír, calmando sus dudas y miedos.
Sin embargo, le veremos sobrevivir junto a la cotidianidad de sanciones, demandas y restos de víctimas, agarrándose a la rutina del cariño de una médico militar (Alexandra Jiménez), quien es la que verdaderamente cura sus heridas; las visibles y las ocultas. Ya que el tremendo dolor que emanó del accidente permanece aún más latente que cualquier radiación, atrayendo a la muerte hacia esos verdes parajes, repletos de bolsas de plástico negro.
Mientras en la ciudad queda la desolación y aguardan los lobos, animales y humanos.

Pero arriésguense y entren en LA ZONA. Sabrán todo lo ocurrido.

Para empezar…

L.C.: ¿Qué tiene La Zona para conseguir que Eduard Fernández se pase a la tele?

Eduard Fernández: Es que no encuentro muchos motivos para no hacerla. Francamente lo digo, de verdad. El guión es muy, muy sólido y eso es mucho para un actor. Además hacerlo con la plataforma de Movistar es un punto de ilusión; porque me da la sensación que no se basa en el share, en cuánta gente lo ve y en función de eso, hacer un guión de una manera u otra.
Aquí creo que pretenden tratar a la gente de inteligente y pensar que el público, a lo mejor, tiene buen gusto y le gusta. En todo caso, vamos a probar algo que nos gusta nosotros y a ver a cuánta gente le gusta… La Zona es también un muy buen equipo; tanto el sonido como la imagen, como el casting que hace Jorge, que es muy particular y escrupuloso, buscando al actor para algo distinto. Nos hemos encontrado muy bien, muy cómodos y en cuenta a la forma de trabajar es igual que el cine… Me acuerdo que un día en una escena en la casa de mi chica, de repente quise hacer un policía vacilón y Alberto me dice: Eduard, yo creo que este tipo tiene que estar mucho más fundido… (risas)

Jorge Sánchez-Cabezudo: Que se vino arriba.
Alberto Sánchez-Cabezudo: Le faltaba un clavel, vamos. (risas)
Eduard F.: Ahí me salvó Alberto (risas)

Jorge S-C.: Pero toda propuesta la hemos hablado. Porque además como Eduard fue de los primeros en incorporarse al proyecto y está desde el principio, todo lo plantábamos juntos según iban llegando los guiones. ¡Si hasta ha funcionado como jefe de departamento! Eduard entendió claramente lo que había y nos entendimos muy bien desde ese trabajo previo. Además, él que tiene el peso absoluto porque se lleva la mitad de las secuencias y sobre su interpretación se cuelgan las demás, era la constante en la serie; es decir, ¡estaba todos los días de rodaje y a todas horas! (risas)

Alberto S-C.: De hecho, estaba hasta dos veces el mismo día (risas)

Jorge S-C.: En ese sentido, Eduard ha sido un auténtico socio; entendió la serie, le dio ese concepto de metrónomo, llevando el tiempo, y llegando a controlar las energías, quiero decir, que ejercía de una especie de coach, ya que el control absoluto de la teleserie lo tenía él. Y lo iba transmitiendo de una manera muy generosa, además de asumir ese rol de coger a todo el mundo debajo del ala.

Eduard F.: Pero todo fue de forma natural…

Jorge S-C.: Ha sido un socio, insisto, en toda esta aventura.

L. C.: Una aventura también por las impresionantes localizaciones. ¿Dónde está rodada exactamente?

Jorge S-C.: En eso la serie era muy ambiciosa. Teníamos claro que tenían que ser localizaciones naturales. De hecho hay unas 160, porque teníamos claro que el mundo exterior tenía que ser un muy claro, desde el punto de vista de los documentales como los de Fukushima. Y tenía que haber una naturaleza muy presente, que al estar contaminada, funcionase como contradicción. Nos fuimos a Asturias y estuvimos localizando seis meses antes de empezar el rodaje, para encontrar los sitios adecuados. Asturias además presentaba la herida de la mina, que creo era importante también para esta historia. Era importante tener esa especie de drama industrial con toda esa gente que se ha dejado la vida en esa naturaleza y que ahora tienen que ir a limpiar.

Jorge S-C.: Y luego, hay parte rodada en Madrid. Nos planteamos que no íbamos a construir plató. Pero existían unas dificultades que planteaba una realidad que no existe y genera unos sitios que tampoco existen, como una asociación de víctimas y un barrio de re-alojados en la ciudad, con el que partíamos de cero… Hay efectos VCX, como cuando rodamos trocitos en las afueras, en las viviendas de VPO y generamos una realidad alternativa de la que reclamante hay, para hacerlo más grande…

Alberto S-C.: Hay mucho de puzzle, también. Y un trabajo espectacular de Diego Molina en Arte y de Daniel Sosa en foto, con ese tono.

Eduard F.: ¡Claro! Ahora lo veo. Hay una parte que no me acordaba de la que Héctor está basado. Y es esa realidad de los mineros, con mucha droga y mucho alcohol, para evadirse.

Alberto S-C.: Estábamos en en el pozo Candín y nos encontramos con un hombre de decía ‘tenías que ver cómo era esto con 5000 personas, estaba lleno de vida’. Ahora está abandonado y veías a gente muy dura, que lo ha pasado muy mal y forma parte de esa radiografía.

L. C.: Si vivieras un accidente nuclear como en la Zona, ¿huirías o primaría el apego a la tierra?

Eduard F.: Pienso que huiría, igual que en una guerra me haría el muerto (risas), pero es algo muy complicado porque depende si tienes hijos o no, y dónde está la familia, los amigos… Depende de la realidad que tengas. Pero cuando leí Voces de Chernóbil, con la sensación que me dio, construí parte del interior de Héctor, con ese dolor descomunal que tiene algo de Shakespeare.

L. C.: Pero que se guarda y no quiere mostrar…

Jorge S-C.: ¡No sabes la capacidad de Eduard para el detalle y cómo evoluciona en lo pequeño! Una vez limpiamos todo lo de alrededor del personaje, disfrutamos mucho viéndolo, porque tiene una gama de dolor y de matices sobre el sufrimiento, inmensas. ¡Tanto como nombres tienen los esquimales para la nieve! (risas) ¡Es increíble lo que Eduard puede hacer! Pero además, currar con él es muy divertido porque entre toma y toma está contando chistes, y aunque la serie es dramática y ha sido un rodaje duro, por otros motivos, todos hemos hecho mucha piña y hemos descomprimido. Lo hemos pasado muy bien y Édouard ha creado muy buen rollo. Nos gusta trabajar con gente con la que nos sentimos a gusto, ya que nosotros enseguida hacemos familia.

L. C.: ¿Habrá segunda temporada?

Jorge S-C.: Hay deseo por ambas partes. Alberto S-C.: Y esperemos que vaya todo bien.

L. C.: Precede la magnífica Crematorio y visto lo visto, La Zona tiene muy buen pinta.

Alba Galocha: Yo no les conocía personalmente, pero había visto Crematorio. Y cuando me mandaron a la primera prueba que hice, más la descripción del personaje, pensé ‘esto lo quiero, lo quiero mucho’ (risas) y fue confianza total.

L. C.: ¿El corte de pelo es anotación personal o por exigencia del personaje?
Alba G.: Jorge y Alberto me dieron el referente de cómo veían al personaje. Ya venía hecho ese físico con ropa negra, muy grande. Y en un principio querían raparme la cabeza, pero fuimos probando y cortando el pelo hasta que dijeron ‘vale, por aquí’.

L. C.: ¿Tuviste alguna preparación física especial? Empiezas la serie corriendo sin parar…
Alba G.: Te ves en esa situación y no hay ni cansancio ni preparación que valga (risas); te pones a correr y a correr se ha dicho.

L. C.: Tu personaje, Zoe, a priori es muy franca y una superviviente nata. ¿Puedes apuntar algo más de su historia?
Alba G.: Su motor vital es la supervivencia y sabe que no se puede fiar de la gente. Su forma de relacionarse es muy instintiva, realmente. Con lo cual, va a ir poco a poco porque tiene que estar segura para confiar en ti; al cien por cien, porque es una persona que lo ha perdido todo… Yo creo que poco a poco, va a empezar a ver clavitos a los que agarrarse, pero es muy independiente y le costará mucho agarrarse a esos clavitos.

L. C.: ¿Qué tal fue el rodaje?
Alba G.: Una pasada con esos escenarios naturales. El hecho de poder estar en Asturias con esos paisajes exactos, que pasas por un túnel y ves un monte y de repente, una fábrica. Y toda esa contradicción de lo humano con el humo y el fuego. La verdad es que Asturias es una pasada, aunque fue un rodaje duro y muy largo. Recuerdo ese primer capítulo de la fábrica que era un infierno, con todo lleno de polvo y la necesidad a los tres días, de salir de ahí y limpiar los pulmones…

L. C.: Pero todo esa angustia y polvo, aporta al personaje.
Alba G.: Exacto. Fue una maravilla de rodaje por todo lo que nos rodeaba y lo que estábamos haciendo, pero terminamos la semana reventados.

L. C.: ¿Ves series?
Alba G.: Muchas (risas)

L. C.: ¿Cuáles te gustan?
Alba G.: Llevo dos de The deuce, del mismo de The wire, David Simon, que poco a poco te va adentrando. Pero creo que la que más me ha gustado es Six Feet Under. Y el otro día lo pensaba; me gustan mucho todas estas historias familiares donde la psicología de los personajes mueve la historia.

La Zona

L. C.: Como ocurre en La Zona.

Alexandra Jiménez: Es un universo nuevo por explorar, con esa mezcla tan interesante de la tragedia del accidente nuclear y el thriller policiaco. Y todo esto contado por unos personajes de una complejidad tremenda, cargados de dolor, de culpa, de grietas irreparables. Es apasionante, muy intensa y creo que ha sido un aprendizaje importante para quienes hemos formado parte.

L. C.: Vienes de Toc-Toc con otro tipo de miedo a la infección, pero hasta ahora nunca has hecho terror, realmente. En La Zona hay verdadera radiación y descubres inesperadamente un cadáver. ¿Cómo te enfrentaste a esa escena?
Alex: Todos los personajes son distintos, aunque tu manera de abordarlos tiene algo en común, por lo menos la mía y es que no tengo ni idea de por dónde voy a empezar (risas). Pero se trata de buscar los elementos que te ayudan a entender lo que estás haciendo. Y cuando te plantas en escenario de La zona que ya de por sí era tan poderoso, tan impactante, tan reactivo…(risas) Y es que realmente lo era; se creaba una atmósfera muy densa, muy pesada y muy difícil que te ayudaba en la situación que estás contando y hacer el personaje. También dejándome llevar, dejándome dirigir y estando muy concentrada y comprometida.

L. C.: Julia es sensible y tierna. También rigurosa y exigente. Es su empatía, ¿un don o una maldición?
Alex: En el caso de Julia creo que es un don y una maldición. Siempre que alguien tiene esa capacidad, que creo que es una de las mejores virtudes; el saber escuchar y tener la capacidad para entender la realidad ajena. Esto ella lo tiene, pero no la capacidad de generar la suficiente distancia, como para que ese dolor ajeno no acabé arrastrándola. Y ahí sí que podríamos hablar de que para ella, es una maldición… Veremos. Buena pregunta, por cierto.

L. C.: (Gracias) Alex, hay mucha verdad en tus interpretaciones y en ésta además, está Héctor-Eduard y la sombra de su primera mujer que interpreta Emma…
Alex: Creo que es una relación bien bonita la que tienen estas dos mujeres. Y la que tiene Héctor con Julia es preciosa. Son dos personajes heridos que se cuidan y se ayudan mucho, pero que están heridos.

L. C.: ¿Cómo es trabajar con Eduard?
Alex: De lo mejor que puedes tener delante; es una lección constante porque se pone la marca y no actúa, es. Con una sinceridad tan rotunda, tan aplastante, que te pone en jaque. Y dices tú también la verdad o esto no va a funcionar. Es el mejor ejercicio que uno puede tener como actor.

L. C.: Él dice que huiría. ¿Tú qué harías tras una catástrofe radiactiva?
Alex: Creo que tiene que ver co aportar y el personaje de Julia puede hacer una gran labor. Yo no se qué haría, ¿una actriz? Quizá, colaborar de alguna manera.

L.C.: No puedo terminar si preguntarte por las otras series que te gustan.
Alex: Feud es brutal.
L. C.: Fascinante. Cine dentro de cine. Y cómo están ellas.
Alex: Todo es brutal. Ya desde los créditos.
L. C.: Con esa maravillosa animación que narra la verdadera historia.

Alex: También me gustó mucho The Affair, sobre todo la primera temporada. Y tanto él como ella, Dominic West y Ruth Wilson, me tenían fascinada. Son interpretaciones que además te sirven como ejemplo; personajes con tantos recovecos y tan poco explícitos en la manera de expresarse… Parece que está empezando una nueva manera de interpretar, con la psicología como elemento importante a la hora de abordar el personaje y entenderlo profundamente.
L.C.: Creo que ahí está la clave, pasado ya el concepto de el método.
Alex: Son muchas capas, de repente, pero lo que estamos viendo en esos trabajos, ocurre en la vida real. Además con mujeres y personajes femeninos… ¡Cómo es The Handmaid’s Tale y qué buena es Elisabeth Moss! Todos esos personajes son lo más parecido a lo que somos. ¡Y qué complicaditos que somos! (risas)

Mariló C. Calvo

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