KIKI, el amor se hace

Enamorada 

Para hacer bien el amor hay que… salir a buscarlo. Y cuidarlo.

Así es y tal cual se canta, latino y sensual, en uno de los temazos de la divertida, inteligente, atrevida, tierna y procaz Kiki, el amor se hace. La nueva película de Paco León, omnipresente este fin de semana en todos los medios (y lo que le queda por rugir), nos acerca con naturalidad y romanticismo a todo tipo de parafilias sexuales como sólo los buenos directores saben hacer con los temas comprometidos; rompiendo tabúes, abriendo cerebros y ¡alegrando el cuerpo!

Kiki es una verbena de sensaciones y carcajadas, toda una fiesta de curiosidades y reflexiones que hay que experimentar por muy bizarras que parezcan… a priori.
Y hay que verla por encima de la sobrexposición mediática que a veces es manipuladora, sin ser este el caso. Pero vayan al cine ¡ya!, aprovechando la recién estrenada primavera que… Y no digo más. Hablemos de sexo.

Todo lo que le gustaría saber y no se atrevió a preguntar (porque quizá ni sabia que existía), le será revelado por cinco extraordinarias parejas que confiesan lo más íntimo de lo íntimo entre frutas, polos helados, somníferos y hasta un bosque, hablando desvergonzadamente del amor aunque lo llamen sexo. Porque en Kiki constantemente está en el aire a pesar de retratar placeres que pudieran rozar la pornografía y hasta resultar groseros (aunque tan sólo verán un par de topless, otro acierto del filme), pero el sevillano que además de dirigir se reserva una de las historias, expone filias que no fobias (no es tonto el Luisma) sin complejos ni miedos, de manera jocosa y tan comprensible, que resultan cercanas y casi familiares.

Y pudiendo jugar a esa sexualidad fácilmente comercializable, de la que estamos hartos en videos clips y spots publicitarios, esta comedia erótico-festiva prefiere gozar en pareja con las ganas de agradar al compañero-compañera más que en el morbo por demás (y en los demás); porque aunque todo está en el coco, hay que escuchar al cuerpo tanto con el oído como con el tacto, ya que a veces las palabras no comunican y lo que para algunos es gustirrinín para otros es guarrerida.

Tras habernos contado todo sobre su madre Carmina y demás familia, su tercera película es un remake de la australiana The Little Death que León hace suya con rasgos de autoría ya reconocibles -superando la sombra de Almodóvar-, trasladando a los peculiares personajes –que bien podrían ser vecinos del barrio- hacia un typical spanish muy personal (geniales los chistes Furry Party; ni pregunten, vayan a ver…)

KIKI, el amor se hace

Paco León es un cómico tremendo y un apabullante realizador. Lo ha demostrado y sigue funcionando porque lo vale; por su talento visual -impresionantes los créditos iniciales que recuerdan a los de Masters of Sex– y por su brillante dirección de actores. Él que suele rodearse de un estupendo reparto -en Kiki también-, sabe lo que gusta, cómo le gusta y cómo convencer a los demás. A todos, sin excepción. Y van tres, pero desde su primer film triunfó.

Kiki más que recomendable es terapéutica, inspiradora y necesaria; para aquello@s viciosos y también mojigat@s, que la disfrutarán con risa nerviosa o a carcajadas de sospechosa identificación… Y déjense llevar.

El sevillano que ha desnudado su biografía entre la ficción y la realidad, maneja magníficamente la improvisación como buen actor que es y practica con sus compañeros un rodaje apenas sin guionizar, llamando a los personajes por los nombres reales de los intérpretes consiguiendo autenticidad en cada secuencia y relación  -y así nos lo cuenta nuestra compañera en la entrevista que hizo a los protagonistas

KIKI, el amor se hace

Genial Luís Bermejo y fantástica Alexandra Jiménez, en sus complicados papeles. Asimismo Belén Cuesta conquista  con su personaje, el más lindo y libre de la cinta. Y Natalia de Molina a la par y tan omnipresente también últimamente, aparece sexy y confirma que es una gran actriz. Como Candela Peña junto a Luis Calleja, brillando ambos por separado y en pareja… Y quedas enamorad@ de cada una con sus neuras, perversiones y cariños en un climax de colorista transgresión.

Kiki, el amor se hace es todo un placer y reventará taquillas (seguro), porque contagia tolerancia, optimismo y su maravillosa banda sonora da ganas de… llamémoslo, bailar. Además, todo lo que aprenderán, ya verán… Porque probarlo es otra cosa ¿no?

Cada cual gustará pero como en Kiki, hagan más el amor y más a menudo muerdan, huelan, jueguen… Y amén.

KIKI, el amor se hace

Mariló C. Calvo

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