IT: el payaso detrás del globo

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Cartel de IT

PENNYWISE, EL PAYASO DE IT
Qué maravilla la campaña publicitaria de It, la película de Andy Muschietti basada en la novela escrita en los años 80 por el maestro del terror Stephen King. Un cartel con el pequeño Georgie (Jackson Robert Scott) que, con su chubasquero amarillo atiende a un payaso que lo reclama detrás de un globo rojo. La posición de los personajes y el color de sus complementos hacen del diseño de la carátula de It uno de los aciertos promocionales de la temporada.
Y es que, además de su preciosa estética, supone una advertencia en sí misma, una antesala de lo que vamos a encontrar cuando se apaguen las luces y comience la aventura protagonizada por los Perdedores. Un mundo oscuro en el que por muy alegre que intentes ser lo único que te espera es el color de la sangre.
Pennywise (Bill Skarsgard), encantador para conseguir sus propósitos, un monstruo cuando los logra, es uno de los villanos más significativos de cuantos haya dibujado Stephen King. A pesar de su prolífica carrera como escritor, en la que aún falta el Premio Nobel para coronar lo que sus lectores ya le han concedido, It es uno de los tres títulos que instintivamente vienen a la mente cuando se pregunta por las novelas favoritas del genio.
Y si siempre se afirma que para que una obra sea excelente se necesita un antagonista a la altura. Pennywise cumple de sobra con ese requisito, por lo que It resulta ser un referente dentro del género. Igual que lo será la película cuando se empiece a ver.
Ya lo fue la versión de 1990, con Tim Curry como el payaso asesino, pero aquella era una mini serie y esta, de la que se hace cargo el director de Mamá, el argentino Andy Muschietti, es un film concebido para su estreno y disfrute en pantalla grande.

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Los Perdedores, el grupo de amigos protagonista de IT

IT, LOS PERDEDORES
Antes de nada hay que aclarar que It es la primera parte de It. Las 1.500 páginas del libro obligan a dividirlo en dos para su correcta adaptación, y así las cosas, en esta ocasión asistimos a la presentación de unos personajes que enfrentan el fin de su infancia y el inicio de su adolescencia. En todos los frentes, tanto en el de quienes no pueden luchar contra el matón del colegio y son acosados para el divertimento de unos jóvenes que no escatiman en torturas como el más agradecido pero a veces también descorazonador despertar sexual propio de la edad.
It la protagoniza una pandilla de siete chicos que también van a ejercer de inspectores para descubrir qué ha pasado con Georgie, el hermano pequeño de Bill (Jaeden Lieberher), desaparecido hace tiempo, como muchos de los niños que viven en Derry. Todo el mundo sabe que pasa algo pero nadie se atreve a buscar la respuesta. No llaman al monstruo It (Eso) por nada.
Todos ellos, más asustados a medida que pasa el verano en que les toca enfrentarse a algo malévolo, reúnen fuerzas para afrontar y, en la medida en que sea posible destruir, aquello que se adivina indestructible. Si siempre hay una forma de hacer las cosas, en este caso también tiene que haberla.
It tiene como estrellas, más que a su payaso, interpretado por el actor Bill Skarsgard, a los niños que lo temen y lo persiguen, siete jóvenes desconocidos que son un auténtico descubrimiento, como en su día lo fueron los componentes de los Goonies. Y entre ellos destaca con luz propia Sophia Lillis, la intérprete del personaje de Beverly. La cámara la quiere tanto como esos chicos que caen rendidos a sus pies. El tempo cinematográfico, los ralentos, las miradas en las excursiones que los amigos hacen. Buena parte del timing de It está dedicado a ella. Si la joven no se convierte en una estrella no será porque entre todos no lo hayan intentado.
Además de la pandilla, son dignos de mención los distintos escenarios en los que tienen lugar sus peripecias, sobre todo ese caserón acerca del que la propia narración ya nos pone sobre aviso. Pero interiores y exteriores son básicos para situarnos: que en pleno verano los chicos se sumerjan en lugares lúgubres es parte de lo retorcido de la propuesta.

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Todo en IT comienza con el pequeño Georgie (Jackson Robert Scott)

IT, LA PELÍCULA
El cine de terror podría soportar una comparación con el de animación en el sentido de que si hay películas de dibujos que no están destinadas al público infantil, el de terror, por muy divertido que aparente ser en ocasiones, con títulos que celebran espectadores cada vez más jóvenes, ávidos de emociones fuertes para una tarde aburrida, It puede que no sea el mejor ejemplo para una distracción poco impresionable.
Porque It es una lección de cine de dos horas y cuarto, pero para un público adulto dispuesto a admirar un gran trabajo en efectos. Efectos especiales pero sobre todo efectos de maquillaje. La sobrecogedora eficacia del resultado de un equipo de más de 20 personas se ve reflejado a lo largo de un metraje que empieza con fuerza en ese sentido y va aumentando la intensidad de su imaginería hasta límites que hacía años que no veíamos en una película comercial.
Pero no solo con maquillaje se construye una cinta de género fantástico, también es necesaria una atmósfera que envuelva a quienes la ven en un mundo que sin ser el suyo, por un rato lo parezca. Solo así se puede inquietar, y de este modo es como Andy Muschietti logra que el film funcione en su totalidad.
Con un ritmo asombroso que no se detiene ni en los tramos explicativos, continuamente estamos sabiendo cosas del pueblo en el que los chicos se mueven con sus bicicletas, conociendo una historia que les atañe, con muchos datos a los que se puede acceder en su correspondiente biblioteca. Solo tienes que ser un marginado para que a esa edad te interese encontrarlos. Pero en la pandilla de los Perdedores no falta quien vea en la lectura una actividad de evasión necesaria.
It es una película oscura, de soledades compartidas, a ratos inquietante, por momentos incluso macabra. Por eso su público no es de perfil infantil, por eso los adultos, y más los amantes específicos del género, van a ser los espectadores perfectos para darle a Andy Muschietti la nota que se merece, que es alta, muy alta.

Silvia García Jerez

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