EL INSTANTE MÁS OSCURO

Si esperan una película de guerra y soldados, no la encontrarán en El instante más oscuro.
Este es un film de interiores y calendarios sobreimpresos, donde la batalla se libra en sótanos y despachos políticos que retratan una época bélica, reflejando a un sólo personaje con una oratoria de más valor que las balas.
Un biopic de estilo yanki para un episodio tan british como el té, salvaguardando siempre al protagonista y mostrando lo humano del personaje con aromas propagandísticos y recuerdos patrióticos, tan necesarios ahora para el Reino Unido del Brexit que se independiza de la Unión Europea.
Magistral Gary Oldman como Winston Churchill, con el Globo de Oro recién ganado, iluminando con sus dudas y balbuceos ese mes negro que supuso un freno al Nazismo. 

Una colección de sombreros, un habano tras otro, mucho alcohol y una tremenda glotonería describen al tipo enérgico que a sus 66 años se vanagloriaba de no controlar sus emociones, consiguiendo enfrentarse a Hitler a pesar de la oposición de su partido y del desconcierto inicial del monarca de Inglaterra (con el que entablará una gran amistad).
Un líder que en cuatro semanas llegó a ser primer ministro y convenció a todo un país de no aceptar un acuerdo de paz con el monstruo fascista.

En los interiores del coflicto -literal y metafóricamente- junto algún plano bélico para no olvidar a quienes lucharon con verdaderas armas, Joe Wright -director algo sobrevalorado por Expiación– se afana en acercarnos al británico, tanto a su leyenda como al hombre que era todo un personaje, mostrándonos aquello que apenas sale en otras biografías filmadas; como ese Churchill en coche oficial mientras decide sobre la vida de esos que ve pasar, o escuchando estupefacto al mismísimo rey Jorge VI (Ben Mendelsohn) confesando tenerle miedo.
Pero además con cierto humor e ironía, le vemos defendiéndose de su mala fama y sus fracasos, dictando sus discursos incluso desde el váter y rodeado de una servidumbre por doquier.

El instante más oscuro

Acompañado de su labia y del ruido casi constante de una máquina de escribir, es apoyado siempre por su paciente mujer (Kristin Scott Thomas) y una secretaria novata (Lily James) que consiguen enternecerle alguna vez.

Wright persigue a Churchill en cualquier instante de ese mayo de 1940, entre planos secuencia y encuadres con fondo negro que estrechan la imagen, enmarcándole en si mismo y encerrándole en la hora más oscura (título original); cuando en pleno consejo de guerra en el subsuelo de Westminster y tras obtener la ayuda del  presidente americano Roosevelt para la Operación Dinamo, no logró evacuar a sus militares atrincherados en Calais.
El instante más oscuroUna decisión dura y difícil que originó uno de los discursos más vehementes de la Política, convertido en modelo de sacrificio patriótico, que por supuesto recupera el film con signos de victoria y pañuelos ondeando en la Cámara de los Comunes, dejando aquello de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” para la eternidad -y para Dunkerque de Nolan, una gran película que arranca donde ésta termina-.

Wright consigue adentrarse en el verdadero Churchill gracias al asombroso Gary Oldman, aun con la máscara de un maquillaje de premio. Y aunque según avanza la cinta tiende al telefilme de calidad -llegando hasta esa secuencia en el metro de Londres con demasiada emotividad-, El instante más oscuro es un buen largometraje de personaje que nos recuerda esas batallas por los intereses partidistas y nacionales, que pueden seguir viéndose en la actualidad sin que hayan cambiado mucho los chascarrillos y dilemas entre los dirigentes que manejan el mundo.

 

Mariló C. Calvo

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