Freedom de George Michael

Esa ansiada libertad entre el ego y la persona

Hace tiempo que Last Christmas, ese exitazo de los ’80 reconvertido en villancico contemporáneo, es todo un clásico en estas fechas navideñas, aunque el año pasado sonó más triste que nunca.
El día de Navidad fallecía su autor, George Michael, uniéndose en un guiño de los dioses a la trinidad de Prince, Bowie y Cohen, que inesperadamente se marcharon con su música a otra parte en ese penoso 2016.
A Michael se le paró el corazón y le falló el hígado, prematuramente pero de manera natural, quedando fuera cualquier especulación posible sobre su repentina muerte, que le visitó preparando su documental Freedom. Una emotiva autobiografía musical marcada por los miedos, traumas y deseos de un artista en busca de una ansiada libertad entre el ego y la persona.
Una cinta que puede verse en Movistar + como un sentido y merecido homenaje, al cumplirse el primer aniversario de su ausencia.

No esperen el típico biopic desde la infancia de un hijo de griego y británica, de nombre Georgios Kyriacos Panayiotou, que siendo un chico de barrio llegó a convertirse en súper estrella pop.
Ese pasado ya está contado en otro documental –A Different Story, 2005- donde se reencontraba con Andrew Ridgeley, con quien formó el dúo Wham! de pegadizos estribilllos, conquistando las listas musicales de todo el mundo y logrando llegar a actuar en China como la primera banda occidental.

En Freedom, el retrato íntimo se mezcla con un reflejo profesional. Y la voz del propio Michael articula el film con los recuerdos y reflexiones de aquel mismo chaval que pasados los 50, recuerda su “anhelo desesperado de ser famoso, amado y respetado”, mientras confiesa una vida condicionada por una homosexualidad reprimida y su tendencia a la depresión.
Un Michael sincero, intenso y sufridor. Anulado por la muerte de su madre de un cáncer y de su gran amor a causa del sida. Y siempre obsesionado por el control creativo y personal, arrastrando cierta culpabilidad ante un talento que creía “no estar a la altura”.

Sin quererlo y más allá del discurso vital de un artista de mediana edad que repasa sus hits, Freedom es el legado de sus logros y esfuerzos por una libertad de autoafirmación constante.

Un vinilo y un tocadiscos son el mejor pretexto para valorar a George Michael como intérprete y compositor, recogiendo en el doc los testimonios de otros artistas durante la escucha de algunos de sus temas; descubriendo a Chris Martin y Liam Gallagher como declarados fans, a Stevie Wonder preguntando si es blanco con esa voz de negro, y a Nile Rodgers -productor con el que colaboró mucha veces- destacando “su valentía al entrar en zonas sagradas cuando nadie se atrevía”.
Y es que George Michael amaba la música por encima de prejuicios y estilos, e igual probaba el jazz (Kissing a fool) y lo latino (Club Tropicana) que hacía un rap viniendo del pop (en ese estupendo Wham! Rap que H&M ha recuperado recientemente en un spot junto a Naomi Campbell).
En Freedom también aparece el cómico James Corden, a quien se le escapa una lagrimita rememorando cómo Michael de copiloto, inspiró su programa de celebridades cantando en su coche, y el siempre irónico Ricky Gervais, que quedó más que sorprendido ante la implicación de Michael en la parodia de su serie Extras, admitiendo además haberle seguido desde su adolescencia “porque estaba en todas partes, era divertido y hasta se burlaba de Margaret Thatcher”.

G. Michael consiguió la admiración de much@s de sus ídolos pero aún detrás de sus gafas de sol, dudaba de todo y se cuestionaba “dónde va tanto esfuerzo”.
El doc incluye algunas de esas soñadas colaboraciones -el dueto con su querida Aretha Franklin, la actuación con Paul McCartney que terminó en decepción, la grabación con Tony Bennett alabando su profesionalidad “desde la primera toma”…- junto a sus mejores directos -aquel irrepetible Live Aid versionando a Marvin Gaye, el apabullante Don’t let the sun go down on me con Elton John, y el impresionante Somebody to love con la banda Queen-.

En Freedom se disfrutan casi todos los éxitos de George Michael; desde los divertidos y juveniles del primer LP, Fantastic, hasta los más recientes y frívolos del Outsider -tras hacerse pública su salida del armario, llenando portadas sensacionalistas-, pasando por su etapa más gloriosa como solista en Faith -donde se reinventó con chupa de cuero, barba de tres días y jukebok al fondo-.
Después vino el introspectivo Listen without prejudice -que vendió millones de discos sin apenas anunciarse, escapando de la imagen de chico MTV-, con el que alcanzó de alguna manera su deseada independencia y marcó el camino para otras estrellas con las relaciones discográficas -aunque Michael perdió legalmente la batalla contra Sony, que ahora, con el perdón del paso tiempo presenta este documental-.
Dicho álbum además, revolucionó el mercado del video musical con el genial Freedom!’90; donde se quemaban los iconos de Michael y él ni salía en un sólo plano.
Dirigido por un entonces desconocido David Fincher y con la participando de las top model más famosas de la época (Christy Turlington, Cindy Crawford, Linda Evangelista y por supuesto, Naomi Campbell), sigue siendo “una obra maestra del funk” -como bien dicen en Freedom, the film-, un videoclip memorable y el reflejo más certero del artista.

Freedom es una historia sobre cómo la fama y la tragedia intervienen en el curso de una vida– dice Kate Moss al comienzo del filme; como advirtiéndonos de la continua lucha de Michael espantando con su voz al miedo y su castigo, que increpaba con rabia a lo divino.
Luego, durante el metraje, las palabras de la modelo pasan y sólo queda el talento del protagonista revelándonos sus estupendas canciones. Aquellas que nos acompañarán toda la vida; las bailables, las baladas, los medio-tempos y todas las demás, con esas letras épicas, sensuales, sexuales y tiernas…

Sin duda Last Christmas sonará en las próximas navidades pero mientras, escuchen más a George Michael. Lo vale, por siempre.

Y no olviden mirar al borde del cielo, de vez en cuando, recordándole como él mismo quería “como una de las últimas grandes estrellas y alguien con integridad”.
Que así sea. Descanse en paz.

 

Mariló C. Calvo

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