EVEREST

Soberbia vs. Supervivencia
Por Mariló

El próximo mayo será el vigésimo aniversario y ocurrió en la cima del mundo.

La tragedia acaecida en el Everest en 1996 ya tenía su versión televisiva y había sido narrada por dos de sus supervivientes, el periodista Jon Krakauer y el experimentado montañero Anatoli Boukreev, en un par de libros referentes (Mal de altura y La escalada)
Pero esta nueva visión -en 3D, también-, recuerda de una manera más coral el suceso que resquebrajó la belleza del alpinismo y tambaleó la poesía de los retos personales.

Con un reparto espectacular -que en algunos casos parecen más cameos por la brevedad de la interpretación, sin restar calidad a ninguna- asistimos durante más de dos horas a la dura experiencia vivida por varias expediciones comerciales en el intento de coronar el pico más alto. Profesionales y amateurs enfrentándose no solo a una gran tormenta (quizá, el grito de la montaña), sino al absurdo de la hazaña y de exponerse al límite.
¿Por qué? Algunos de los que podrían contestar, se llevaron el misterio a la tumba.

En aquel desastre perdieron la vida 12 personas -8 durante el ascenso y negligente descenso, más 4 que tras ser rescatados murieron- por una conjunción de caprichosas nubes, mala preparación del periplo y equivocadas decisiones. De los que se salvaron; cabe destacar que además de suerte y amor familiar, si tienes un buen seguro y buena economía, nada es imposible (ya sea en un tsunami o en una pared vertical)

La insignificancia del ser humano ante la imponente naturaleza, la comercialización de la misma y el populismo de la aventura (con perdón a las agencias que permiten conocer otras gentes y parajes) se advierten en la película en pequeños instantes; como la llegada a la Asia pobre, con la frivolidad del ocio en las mochilas de quien paga mucho por padecer (y aunque no avise el folleto, se sabe; como con las drogas), o con los estribillos pop a todo volumen entre las paredes congeladas, tentando avalanchas.
Si bien suelen funcionar las pelis de superación y basadas en hechos reales, en ésta nos quedamos fríos –y disculpen la simpleza del símil- ante los sueños, hipotermias, angustias, egos, falta de oxigeno, dinero, soledad, compañerismo y competencia de un humilde cartero, un médico acomodado, una experta alpinista, una asistente desbordada y 2 líderes superados por su propia humanidad (léase osadía o bondad; temeridad o gratitud; descuidos u olvidos… )

Mantiene la atención pero es confusa en los momentos mas intensos, desaprovechando incluso lo tridimensional en las imágenes de escenarios naturales que no dan sensación alguna -en esta época de realidad aumentada, hay mejores planos en algunos programas de ‘Al filo de lo imposble’- Así que ahórrense las gafas, las palomitas y no olviden la rebequita.

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Hay más dolor que épica en este filme que entretiene y quiere emocionar…
Con el personaje del expedicionario empático, más honesto que negociante, que nunca conoció a la hija nacida poco después de su última excursión.
Y con el repartidor, que ahorra para llegar a la cumbre y demostrar a los chavales del barrio que todo es posible.
Pero no. Aunque los demás puedan; aunque llame la pareja a kilómetros de distancia para dar fuerzas y poder seguir (que eso vale mucho en materia y espíritu), y aunque nos vistamos de Tapiocca o Decathlon…
No debemos retar a la Naturaleza con divertimentos de turistas.

Prevalece el sufrimiento de la ambición de la voluntad humana, siendo paradójicamente su mayor logro, la verdadera enseñanza. Porque existe un respeto y conciencia que quizá, sólo aparece por supervivencia y no por capitalismo. Y esa exigencia vital por resistir en entornos extremos, crea una comunicación tal con la Naturaleza que igual hay niños ‘mutantes’ que desarrollan pulmones como anfibios, que buscadores ilegales de oro con niveles de mercurio superiores a lo establecido por la OMS.
Y se adaptan -como personas- valorando el esfuerzo y no la meta.
Como los sherpas, los auténticos guías locales, esos seres extraordinarios que colocan las escaleras rudimentariamente entre grieta y grieta, y vuelven al poblado sin oxigeno…
Paso a paso; sin mirar a la cima, pero sin perderla de vista porque ahí está.

Y así, dos décadas después, comprendemos que hay que saber escuchar al cuerpo y a la Tierra, y quedarse a un palmo de colocar una banderita en un trozo de hielo.

A veces se gana y a veces se aprende.

Estreno: 18 de Septiembre

 

Cinematé Curiosité:
Disfruten también de lo grabado en IMAX en aquella época con banda sonora de G. Harrison (Everest ’98) y con la realidad de las actuales expediciones en ‘Beyond the Limit’ de Discovery Channel.

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