EL GRAN SHOWMAN

Embaucador, negociante, manipulador y seductor. Así parece que fue P.T. Barnum, el gran visionario del mundo del espectáculo y del arte de venderlo.
Un tipo que logró ser asimismo editor, filántropo y un gran alcalde comprometido contra el racismo y a favor del sufragio femenino.
Un soñador algo tramposo que siempre conseguía cautivar con una sonrisa.
Como el encantador Hugh Jackman, que acerca a la gran pantalla el biopic musical de aquel gran showman en una versión edulcorada y acelerada, entre trucos familiares y videoclips estilo Disney. Un film que pudiendo haber sido un espectáculo brillante en una colorista celebración de la humanidad, se mantiene a chispazos que apenas duran según los focos se apagan.
Todo un chute musical cual hamburguesa gourmet que disfrutarán l@s más jóvenes y l@s mayores amantes del género. No obstante, ya sólo ver al great showman Jackman cantando y bailando, vale la entrada a su museo-circo de espíritu vintage.

Colorista Celebración de Humanidad

Un hombre tatuado de pies a cabeza, otro de estatura tremendamente baja y unos siameses unidos por el brazo, hoy en día no son seres tan insólitos como en la Norteamérica del s. XIX cuando se consideraban monstruos.
Hasta que el excéntrico Barnum convenció a esos freaks de formar parte de su show -ya que si van a reírse de ell@s, que al menos paguen por verlos-, convirtiendo su museo de curiosidades en una celebración de la dispar humanidad; rompiendo miedos y saltándose las clases sociales, a pesar de las críticas de los eruditos y del rechazo de la época.
A este mecenas del mundo del espectáculo que igual montaba una ópera que una feria ambulante, le debemos la invención de la promoción y del espectáculo como derecho de disfrute para todo el mundo. Así que recuperar la figura de este maestro del Showbusiness es de agradecer, aunque él mismo pensara que nacía un tonto cada minuto al que podría convencer.

El Gran Showman arranca con un imaginario número musical a lo Begin Again, presentándonos al verdadero protagonista; ese excéntrico Barnum encarnado por un estupendo Jackman, al que se le nota la ilusión como productor y el amor por este musical, tras el cual están los mismos compositores de la aclamada La La Land (Benj Pasek y Justin Paul). Mientras la dirección nobel de Michael Gracey se excede en la concatenación de coreografías y acrobacias con un efectismo a lo High School Musical que resta desarrollo dramático al relato y se alejan de esos aires de cine clásico que parece querer atrapar, entre romances que no terminan de enamorar -eso sí, la joven Zenday deslumbra enredando a Zac Efron en su trapecio y en la pista-.

Oz de Sam Raimi y Moulin Rouge de Baz Luhrmann vendrán a su cabeza durante alguna de las actuaciones por sus resultones clips y la magia que comparte con todo charlatán, pero igualmente encontrarán en El gran showman otros momentos magníficos, como unas sábanas tendidas bailando junto a Michelle Williams y el número de This Is Me –una especie de A quién le importa-, que es la esencia de cualquier freakshow.

Así que pasen y vean este espectáculo que siempre debe continuar, hasta llegar a un feliz final con elefante incluido…

Barnum

Aunque una no pueda evitar recordar las patonas móviles del supuesto animal que se utilizaron en el Barnum de los ’80 del Teatro Monumental, con un gran Emilio Aragón como el mejor showman, cuando en España ni sabíamos pronunciarlo.

 

Mariló C. Calvo

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