EL DESTIERRO: hablamos con su director y su protagonista

El destierro, la ópera prima de Arturo Ruiz Serrano, es muchas cosas, entre ellas un thriller, cine negro, cine bélico, una historia de personajes con estructura de obra teatral pero sobre todo, una gran película que narra la odisea de dos hombres tan iguales como antagónicos obligados a entenderse para poder convivir en plena contienda de la Guerra Civil española. La Cronosfera estuvo con su director y guionista, Ruiz Serrano, y con uno de sus protagonistas, Joan Carles Suau, el seminarista de la película, para hablar de todos los detalles y secretos que han compuesto su trabajo.

Cartel de El Destierro
Cartel de El Destierro

La Cronosfera: Lo primero que me ha llamado la atención de El destierro ha sido su póster, que es precioso.
Joan Carles Suau: La verdad es que sí, es muy bonito y muy elegante.
Arturo Ruiz Serrano: Lo ha hecho Óscar Jiménez, que es un chico que me recomendaron. Él hace diseños, sobre todo de carteles de música. Es un artista. También ha hecho los de los cortos de Gerardo Herrero, el cortometrajista, no el productor y director de largos. Colaboró y nos hizo esta maravilla.
J. C.S.: Sí, para tenerlo enmarcado.
L.C.: ¿Cómo nace esta historia?
A.R.S.: La manera que tengo yo para escribir historias es a partir de lugares. Una vez que me llama uno mucho la atención, trato de imaginarme la historia que tiene lugar allí. En este caso eran estos fortines de la Sierra de Guadarrama que están abandonados, los vestigios de lo que queda, porque aquel lugar es un paraje muy duro, un páramo en la montaña con un frío terrible. De hecho yo hace años rodé un corto allí que se llamaba Paseo, con José Sacristán y Paco Tous, que está rodado en la montaña de enfrente y era sobre dos paseadores y también tiene mucho que ver con ésta película.
Como también me planteé que nosotros financiáramos la película si no encontrábamos financiación, la escritura fue siempre muy acotada. Sin movernos mucho del lugar, hacer una película de personajes. Y así fue. Y con el poquito presupuesto que teníamos así lo hicimos. Y quedó, en cuanto a factura, lo suficientemente bien.
L.C.: La fantástica banda sonora de la película me ha recordado mucho a la de Tarde para la ira, de Raúl Arévalo, otra de las películas del año.
A.R.S.: Sí, la parte de percusión. La música es de mi hermano, Iván. El otro día viendo Tarde para la ira, que me gustó mucho, se lo dije. Toda esa parte de música rural, que incluso creo que Raúl también se fijó en Los santos inocentes, que tenía toda esa música de percusión. Es una parte la que tiene ese tipo de música, y luego también pillamos un poquito de folk más tipo western americano, con el violín. Y luego música más clásica, más tradicional. De hecho, hace poco, en el festival Internacional de Tenerife le dieron mejor banda sonora a mi hermano por la película.
J.C.S.: Sí, porque se lo han dado al hermano de Arturo, pero yo no veo que hubiera podido ser una música mejor. Realmente es un gran compositor y da la casualidad de que ha sido tu hermano.

Joan Carles Suau es Teo en el film
Joan Carles Suau es Teo en el film

L.C.: ¿Cómo trabajaste tu personaje, Joan Carles? ¿Te resultó difícil abordarlo?
J.C.S.: Cada uno de nosotros, Quique, Mónica o yo, tiene su forma de trabajarlo. Yo me baso mucho en mí. Hay un tema de época, de estar en la Guerra Civil, una circunstancia que yo baso un poco en cómo podría reaccionar yo en ese tipo de situaciones. He trabajado con el Método y me he formado en una escuela en Barcelona, pero yo voy un poco por libre, por mucho que te quede un poso de todo. Yo tengo un punto muy intuitivo. Después lo trabajamos con Arturo y con José Manuel Carrasco, que nos hizo el coach de actores, y claro, con todas las premisas que tiene el personaje.
A.R.S.: Yo juego un poco con ventaja porque al ser el guionista les explicaba también cómo era el personaje, y a dónde iba. Y todo eso que se intuye, esos traumas, esos hechos del pasado que les han marcado, y por ahí fuimos. Quique siempre cuenta que él se inspiró en su abuelo, que su abuelo era del campo y que a él también le obligaron a reclutarse forzosamente. Que él lo que quería era volver a su casa porque su vida no estaba en el frente sino con sus patatas y con su familia, para sacarla adelante.
J.C.S.: Sí, la verdad es que el guión te da todas las claves que tienes que ir siguiendo, y en el caso de Arturo, de su guion, estaba todo escrito ahí. Veías cosas más sutiles, otras más evidentes, pero estaba todo ahí.
A.R.S.: Y sobre todo una cosa importante, que era evitar el maniqueísmo de buenos y malos. Y hacer personajes complejos y ambiguos, que era lo que podía hacer que la película se sostuviera. Me acuerdo de que la gente en el festival me decía que eran unos personajes muy complicados.
J.C.S.: Sí, es lo que dice él. No hay ni buenos ni malos, hay el que uno te pueda resultar simpático o menos simpático, pero es que la vida es así. No somos ni buenos ni malos ni los mejores ni los peores. Somos nosotros… ahí.
A.R.S.: Nosotros y nuestras circunstancias.
L.C.: ¿Os da miedo que se pueda acusar a la película de demasiado anticlerical?
A.R.S.: No me ha parecido… Fíjate que había una escena que podía ser un poco más así, pero se suprimió. Pero no porque fuera más anticlerical sino porque en el montaje no nos aportaba nada. De hecho, creo que solo se cayeron dos secuencias, una muy cortita y era esta. Y una cosa más que acabo de recordar, y es que en el guion existía una voz en off. Era la del personaje de Joan Carles narrando cómo iba perdiendo la fe, y cómo se escudaba en que él estaba ahí porque Dios lo estaba poniendo a prueba y era un mártir y necesitaba sentirse especial ante Dios para aceptar la miseria y el dolor que le había caído encima. Pero luego, en el proceso de la película, decidimos probar a quitar la voz en off y vimos que se entendía ese proceso de pérdida de fe. Decidimos suprimirla porque había muchas reflexiones en las que él se comparaba con ciertos mártires, y quería creer que él estaba ahí porque era un elegido y luego se da cuenta de que no, que simplemente es que la vida es muy injusta y no distingue entre unos y otros.
J.C.S.: Sí, al fin y al cabo es un personaje que vive una situación muy al límite, entonces, lo que antes le servía, que era la fe, llega un momento en que no le es suficiente, en cierto modo. O no encuentra las respuestas que necesita.
A.R.S.: En tu caso, yo creo que El destierro es un título que refleja muy bien lo que vive tu personaje, porque él se siente abandonado por Dios. Ha sido desterrado a la tierra de nadie y en la que no hay nadie. En la que a quien le toque estar no tiene ayuda del Ejército ni de Dios ni de nadie. Yo creo que es una especie de limbo. Yo recuerdo que con el protagonista hablábamos acerca de dónde están, si en el infierno o dónde. Yo creo que es una especie de limbo. A partir de ahí sus decisiones serán las que los conduzcan a un lado o a otro.

Chloe (Monika Kowalska) podrá a prueba la convivencia de los dos hombres
Chloe (Monika Kowalska) podrá a prueba la convivencia de los dos hombres

L.C.: Hablando de situaciones complejas hay un momento que me fascina de la película que es ese en el que ella se dirige al personaje de Joan Carles, atada de manos, y le pregunta que por qué, si él es más culto y más inteligente, no está ganando.
J.C.S.: Ese es el punto manipulador de ella. Ella lucha por su supervivencia y juega con los dos, en cierto modo. Emocionalmente es mucho más inteligente que Silverio y que Teo. Va más allá y ella juega con los dos por donde sabe que puede jugar.
L.C.: Hay otro detalle que me gusta mucho que es la carta con faltas de ortografía.
A.R.S.: ¿Te fijaste en eso? Muy bien.
L.C.: Uno de tantos detalles muy cuidados en la película.
A.R.S.: Cuando estábamos con la directora de arte, con Elena (Pardo), se lo dije, que pusiera faltas de ortografía porque iba a ser más normal. Siempre dudé entre si Silverio sería un hombre analfabeto o no. Lo normal es que lo fuera, pero es que si no, perdía el tema de la carta, que me gustaba para conocer sus antecedentes. Del personaje de Teo sí sabemos que viene del seminario e intuimos ciertas cosas, pero no sabemos mucho de Silverio, entonces esa carta me servía para saber de él y de su familia. Y una cosa que también me parecía fundamental es que lo más terrible de la Guerra Civil española es que hubiera familias divididas. Yo creo que eso tenía que estar en algún punto de la película y la carta era el hueco que tenía para ponerlo.
L.C.: Se tiende a pensar que hay muchas películas de la Guerra Civil, pero no es así.
A.R.S.: Sí, ese es el prejuicio que hay aquí con el tema de la Guerra Civil. Primero, que no interesa, y luego que la gente piensa que hay muchas. Y hay otro peor todavía, y es que la mayoría del público considera que las películas de la Guerra Civil van desde la guerra a la Transición. Muchas veces te dicen: ¿vas a hablar de la Guerra Civil? No, son los años cuarenta, eso es la postguerra. Hay que diferenciar las etapas porque nada tienen que ver. Del período de los tres años de la guerra hay muy pocas películas. Y nadie se queja de que haya películas de la Segunda Guerra Mundial. Cualquier guerra es bienvenida, como trasfondo dramático, menos la nuestra. Y yo quería romper ese tabú. Y esto que contamos podría suceder en cualquier guerra. Esta es la guerra contada desde un punto de vista muy particular y muy pequeñito.
J.C.S.: Tampoco es una película sobre la Guerra Civil, simplemente es el contexto en el que están ellos. Eso porque hay una guerra, la que sea.

Los dos protagonistas conviven en un estrecho espacio
Los dos protagonistas conviven en un estrecho espacio

L.C.: ¿Qué retos os ha supuesto esta película?
J.C.S.: ¿Retos? Bueno, ha sido un rodaje complicado, la verdad, porque entre que lo rodamos por partes, una en enero, en invierno, con nieve, otra parte en abril en el mismo sitio, en exterior, sin nieve, después la parte interior del búnker en plató y otra parte pequeña en Mallorca… Durante un año repartido, y eso ya es un reto, porque quieras que no, como actor, todo lo que llamamos el ráccord emocional lo teníamos muy presente aunque nos pillara muy lejos en el tiempo. También rodar con frío, con tanto frío. Complicado, complejo, pero eso te sitúa para meterte en el personaje aunque no es fácil, porque llegó un punto en que lo único que queríamos los tres era que se nos entendiera porque se nos congelaba todo. Al resto del equipo igual, pero los que teníamos que hablar éramos nosotros.
A.R.S.: Otra cosa que me parece muy valiente era que ellos estaban muy expuestos durante toda la película, porque la cámara está con ellos todo el rato y además en primer plano, y sin escenas exteriores que puedan desviar la atención de ellos. Las cosas que suceden fuera están en off, por ejemplo, la captura de ella cuando se escapa, eso no lo vemos. A mí me parece que lo arriesgado de ellos, y creo que están a la altura, es tener a la cámara todo el rato con ellos, filmando cada detalle, cada gesto y la evolución de los personajes. A mí me parece que es una enorme responsabilidad y la película, si funciona o no, depende en gran medida de que ellos den esa credibilidad.
L.C.: ¿Creéis que la Iglesia y el Ejército reaccionará tan bien como lo está haciendo el público que la está viendo?
A.R.S.: No sé, yo creo que hay de todo. El Ejército participó en la película.
J.C.S.: Yo nunca me he planteado esa pregunta.
A.R.S.: No creo que sea una película hiriente para nadie, sinceramente. Porque al final se centra en los personajes. Yo creo que a pesar de que son unos personajes que en un principio cuesta asimilar o aceptar, poco a poco te van ganando. No creo que nadie se pueda sentir ofendido, no creo, creo que las circunstancias están bien expuestas y que nuestro viaje las justifica.
J.C.S.: Sí, no se habla mal de nada ni de nadie. Simplemente son unos militares, del bando nacional realmente, y también hay pocas pelis que se cuenten desde ese punto de vista. Después ves que Silverio está ahí porque le tocó estar y yo, o más bien Teo, mi personaje, por ser seminarista, a lo mejor por eso se ubica más en el bando nacional pero después las cosas se van diluyendo. Pero que se puedan sentir ofendidos, pues no lo sé, pero no creo que haya motivo.
A.R.S.: Yo no creo que ni el personaje de Paulino, el mulero, sea malo. Es decir, que no hay malos, ni el oficial que les juzga es malo. Solo hay que seguir un poco la lógica. Siempre que vemos a militares rebeldes son unos energúmenos y yo siempre le dije a Eugenio que tenía que ser calmado porque para él es un marrón esto que le ha tocado y por lo tanto que sea de la manera más sencilla posible. No he querido poner ningún estereotipo de malo.
L.C.: Para terminar, felicitaros por ese final increíble. ¿Estaba planteado así desde el principio?
A.R.S.: Sí, estaba en el guion así planteado y alguien me preguntó que si lo iba a dejar así. Y le dije que mientras no encontrara nada mejor se iba a quedar así. Y nunca llegó. Lo pensé pero no lo encontré.

Silvia García Jerez

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