DESPUÉS DE NOSOTROS: Convivencia sin amor

Después de nosotros es un bonito título pero nada preciso respecto a lo que narra la nueva película de Joachim Lafosse, responsable de Perder la razón o Los caballeros blancos. En su francés original, La economía de pareja, se resume con más eficacia su contenido: el verosímil retrato de las complicaciones que pueden tener unos cónyuges una vez deciden separarse, no pudiendo uno de ellos permitirse otro techo que no sea el que lo cobijó durante el tiempo del matrimonio.
El momento en que la pareja toma la decisión que da paso al largometraje jamás se ve en pantalla, al espectador solo se le permite acercarse a lo que queda de la familia rota, obligada a seguir unida porque él, Boris, el arquitecto que hizo la reforma del hogar que compartieron, no se resigna a no obtener la mitad de lo que piensa, y razona, que le corresponde.

Cuando es el turno de Boris, Marie se despide de las niñas
Cuando es el turno de Boris, Marie se despide de las niñas

Por su parte, ella, Marie, nacida en el seno de una familia bien, con un trabajo que le permitiría continuar con la vida que llevaba ve, con la resignación a la que la somete la realidad, casi imposible que su marido, al que ya ni siquiera finge soportar, sea capaz de hacer efectiva una separación alargada en el tiempo que incluso sería buena para la estabilidad emocional de sus dos hijas. Las gemelas asisten a peleas, discusiones y hasta a cambios de custodia parental dentro de la casa, en la que permanece, según los días, uno u otra. Si es que Boris no se salta los horarios de la norma.

Después de nosotros es una espléndida radiografía de los últimos coletazos de una relación cuyas nostálgicas miradas en momentos del presente remiten a las ardientes que, adivinamos, dominarían los del pasado. La lucha por recuperar lo que una vez tuvieron también se hace patente, inyectando de este modo una incertidumbre lógica en toda situación que no está oficialmente firmada y que un receso en la locura del mundo en que vivimos puede volver a ponerlo todo en el punto del que nunca se debió mover.
Bérénice Bejo, intérprete de nacionalidad argentina que conocimos en la premiadísima producción francesa The Artist, por la que fue nominada al Oscar a la mejor actriz, es la mujer de vida acomodada que aborrece a su marido y no ve la hora de que éste se marche.
Una vez más, Bejo demuestra no solo la cota de perfección que es capaz de alcanzar frente a una cámara sino su capacidad para escoger films tan perdurables en el tiempo como en la memoria, caso de El pasado,

Las cosas se ponen cada vez más tensas en su extraña convivencia
Las cosas se ponen cada vez más tensas en su extraña convivencia

la durísima película de Asghar Farhadi, o The childhood of a leader, cinta que pudo verse este verano en el Atlantida Film Fest de filmin y que alguna distribuidora debería rescatar para su exhibición y admiración en salas.
La naturalidad que irradia Bejo en Después de nosotros es deliciosa. Hace comprensible la impotencia de las situaciones a las que se enfrenta, reflejando escenarios en los que ganar no resulta una tarea fácil. Y todo lo interpreta Bérénice desde la cotidianidad de un personaje mundano, una mujer reconocible en tantas que hemos visto, o de las que hemos sabido, y que el cine no siempre se lanza a retratar.

Da la sensación, al salir de ver Después de nosotros, de que hemos asistido a un pedacito de vida, la de unos seres que bien pudiéramos ser cualquiera, con problemas reales heredados de una crisis global que no parece haberse acabado para todos y con faltas emocionales que son atemporales y que si hoy no vives mañana pueden llamar a tu puerta.

Silvia García Jerez

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