CUSTODIA COMPARTIDA: Supervivencia en el infierno

El hijo de Saúl, Ida, Tarde para la ira, Amanecer de los muertos, El cuchillo en el agua, Reservoir Dogs… todas ellas tienen algo en común, aunque no lo parezca a simple vista: son óperas primas que dejaron asombrado al mundo y que se han convertido en referentes para todo aquel que afirme amar un poco el cine.
Custodia compartida, de Xavier Legrand, puede, y debe por derecho propio, sumarse a tan ilustre lista de títulos. Por ambas razones, por tratarse de una primera película y por haber marcado a todo el que ha tenido la osadía de verla.
Y digo osadía porque hay que ser tan valiente como su director para asistir al horror que éste plantea en ella. Adentrarse en el infierno que viven Julien (Thomas Gloria) y su madre, Miriam (Léa Druker), quien está en plena separación de Antoine (Denis Ménochet) y han de determinar con quién se queda el chico, menor de edad pero con absoluta capacidad para decidir que no quiere estar con su padre, es una verdadera hazaña.
Porque Custodia compartida comienza con la exposición del niño, en una carta, de su deseo de no volver a ver a su padre, si fuese posible. Y si no, también. Es decir, desde el inicio sabemos que Julien no quiere a Antoine pero nosotros no podemos estar al tanto de si tiene o no razón. Hasta que empezamos a saberlo.
Y cierto es que era preferible la pregunta a la respuesta. Porque para responderla tenemos que conocer al monstruo, un hombre que no quiere ser como es, un padre manipulador, opresor y maltratador que aterroriza a su hijo, a su madre, a su hermana, ya mayor y al margen de la custodia derivada de un divorcio, y a los espectadores que asisten a lo que ocurre con la misma impotencia que ellos.

El pequeño Julien aterrorizado en el coche
El pequeño Julien (Thomas Gloria) aterrorizado en el coche

Insisto en el hecho de que Custodia compartida sea una ópera prima, porque no lo parece. Al igual que los títulos citados antes, este film francés está contado con una precisión y una sabiduría dignas de un maestro que lleve en el oficio el suficiente tiempo como para dominarlo. Y es que Legrand lo domina de una forma soberbia ya de entrada.
Desde su presentación en Venecia, Toronto y San Sebastián en septiembre del año pasado, la cinta demostró su capacidad para equipararse a las mejores de 2017. O para superarlas. Ese inicio en el que uno no sabe del lugar de qué personaje posicionarse es un acierto de cara a luego descubrir la atroz verdad. De haber comenzado con una posición clara no habría funcionado igual porque no estaríamos expectantes sino situados. Y estar situados es la peor receta para que el descubrimiento deje de ser efectivo.
Pero no es esa la única virtud de Custodia compartida, es solo el principio de las muchas que suma en el breve espacio de tiempo que dura. Apenas hora y media. Una vez que se nos revela la auténtica cara de Antoine, o las muchas que tiene de hombre tierno y cariñoso que pretende dedicarse con amor a su familia, caras que resultan aniquiladas por el invasor que no le permite que salgan a la luz, convirtiéndolo en un tipo abominable, comienza el intento de supervivencia.
Julien se verá atrapado entre dos mundos, aquel en el que quiere vivir y ese que no le suelta y hace lo posible por destruir el sueño de ser un niño feliz. Qué difícil es estar en medio del ángel y el demonio sabiendo que éste tiene todas las de ganar, porque aunque se diga que no es lo que hay que usar para obtener lo que se quiere, la fuerza bruta y la presión psicológica logran conseguir lo imposible.
Y de este modo, Antoine va ganado terreno, sin importarle minimizar a su hijo. La escena de la llegada al barrio pone los pelos de punta a cualquiera. Pero cuando creías que la tensión no podía ser mayor, solo te queda lo peor.
El tramo final de la cinta es tan espeluznante que calificar Custodia compartida de drama se antoja un error mayúsculo. Lo justo, y el mérito es de Xavier Legrand, es admitir que pese a que lo que se cuenta es un drama, un auténtido drama, Custodia compartida pertenece al género de terror. Terror social, no sobrenatural, pero terror al fin y al cabo.
Se ha hablado mucho de la utilización del silencio en otra película que también llega ahora a los cines, Un lugar tranquilo, pero si somos honestos y sinceros, el tratamiento del silencio en Custodia compartida es infinitamente más estremecedor y doloroso.

Julien en un escalofriante momento de CUSTODIA COMPARTIDA
Julien en un escalofriante momento de CUSTODIA COMPARTIDA

Xavier Legrand da el salto al largometraje tras haber sido nominado al Oscar por Antes de perderlo todo, el corto que funciona como precuela de Custodia compartida. Cuatro años han pasado entre una y otra y podríamos decir, viendo su primer trabajo de larga duración, que no estaría mal que optase de nuevo a él. Si el Oscar se creó para premiar el buen cine, Legrand es un candidato perfecto para ganarlo.
La solvencia que demuestra en cada momento es digna de estudiar en una escuela de cine. El plano secuencia de la fiesta, la intensidad de sus últimos minutos, la dirección de actores, la ausencia casi total de música… todos los elementos con los que ha compuesto Custodia compartida merecen alabanza.
Y la merece también el hecho de que a pesar de toda la dureza de la que está impregnada la película en ningún momento se regodee en la violencia o el dolor de las situaciones. Lo que sí hace es mostrarlos, expone lo que ocurre, pero con una sobriedad asombrosa en una ópera prima, en la que lo normal, lo esperable y hasta lo inevitable sería caer en excesos morbosos de los que, en realidad, esta cinta huye.
Que se trate también de la primera película de Thomas Gloria, el pequeño Julien de la ficción, da escalofríos. Y asistir a la lección de interpretación que da Denis Ménochet, al que hemos visto en Malditos bastardos, Robin Hood o Assassin´s Creed pero tal vez no hemos registrado como vamos a hacer tras ficharlo en Custodia compartida, es, igualmente sobresaliente.
No hay una sola pega, un solo fallo que ponerle a este trabajo con más cine dentro del que muchas grandes producciones norteamericanas pretenden hacer creer que poseen. O mucho cine francés, que con tanto éxito llega a nuestras salas. A veces es mejor estrenar con prestigio, que es otro tipo de éxito, o con ambos a la vez, algo de lo que Custodia compartida puede presumir.

Silvia García Jerez

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