CREED

Rocky sólo hay uno 

Seis han sido las películas de la saga pero Rocky sólo hay uno. La primera, la mejor, aquella que forma parte del imaginario colectivo y es ya un mito cinematográfico.
Tras la genuina de los ’70, las sucesivas secuelas II, III, IV y V, van perdiendo músculo progresivamente. Y luego está la de hace unos años, la última del 2006, apenas conocida aunque intentó recuperar para las nuevas generaciones al icónico personaje con nombre y apellido, Rocky Balboa, pero no funcionó; era muy plana y demasiado videoclip para sus puños fuera de combate.

Llega ahora Creed, subtitulada como la leyenda de Rocky por si quedara alguna duda y consigue que aún retirado, golpee de nuevo como hace más de 40 años.

Esta nueva entrega, que podría ser una nueva franquicia -sin guiones de Stallone- , es una vuelta de tuerca al mito del boxeador itanoamericano y se trata de spin-off de aquellas; me explico, un personaje de las anteriores cobra protagonismo y nos adentramos en su historia -como 7 vidas y Aida o Breaking Bad y Better call Saul; os lo digo en series-. Y así en Creed conocemos a Adonis, hijo de Apollo Creed, el mejor púgil de todos los tiempos según su mejor amigo Balboa, con el que se enfrentó en la primera y perdió -sí, en la mejor, Rocky perdió-. Después, Apollo Creed murió, en el ring, en la IV, en una dramática pelea, muy de la época de las pelis USA vs URSS. 

Y todo vuelve; el gimnasio y los entrenos, la chica y la historia de amor, y los combates.
La formula magistral sigue siendo efectiva. La lucha; de la vida y a muerte, dentro y fuera del ring. Y un nuevo luchador, Adonis, que deja una buena situación económico-familiar para escuchar la llamada de la sangre; digo, de los guantes. Y va en busca de nuestro héroe Balboa para que se convierta en su mentor, a la sombra de una paternidad que ninguno abandona, porque ni quieren ni pueden hacerlo.
Creed homenajea a las predecesoras con elegancia, arriesga con guiños reconocibles pero sin repetirse y gana con las apuestas personales del director Ryan Coogler; sobre todo al comienzo y final del filme, escapándose de la countdown a muerte que arrastraban las secuelas, aportando aquello que fueron perdiendo según aumentan los títulos y números romanos.

El hijo de Apollo, Adonis, llega a Filadelfia donde el mito viviente del boxeo, conocido por toda la ciudad, regenta un restaurante que lleva el nombre de su amada para recordarla siempre; como a su otra pasión, con fotos de combates colgadas por todo el local.
Y el chaval (Michael B.Jordan, que hace bien su papel), en pleno proceso de aceptación de identidad, le convence para volver a los cuadriláteros aunque esta vez, desde la esquina y en cada round. Convirtiéndole en Creed, el nuevo Rocky, con permiso de Stallone, que nos noquea en cada plano con su voz impostada y su sombrero ladeado, mostrando el paso del tiempo (aún con su cuestionable evolución estética) y demostrando lo bien empleado, con algún momento de genialidad (en el cementerio visitando al cuñado y esposa, leyéndoles la prensa, en las secuencias del hospital y por supuesto, subiendo las escaleras…)

Creed - La Leyenda de Rocky

Y ahí es cuando se entiende porque se ha convertido en leyenda, real y ficticia; y se duda de quién es quién, Sylvester y/o Rocky.

Porque Stallone también es Rambo como Schwarzenegger Terminator y Conan, pero Rocky sólo hay uno.

Sylvester Stallone alucinó a los amantes del arte de los puños y del séptimo arte ganando 3 premios Óscar (película, director y montaje) y otros como el Donatello, incluyéndole como mejor actor por ese primer Rocky, el mejor. Y no era el peliculón que años después sería Toro salvaje de Scorsese y se enfrentaba, ese año, a grandes dramas como Network y Taxi driver -imprescindibles para cualquier cinéfil@—, pero el público de la época prefirió la fábula moral y romántica que propuso Stallone, conquistando con su estilo de telefilm y enamorando a más de una generación que no la olvida. Eran los ’70 y además, el espíritu de superación siempre triunfa entre los académicos de Hollywood y ese luchador en la tierra de las oportunidades

Creed - La Leyenda de Rocky

El próximo 28 de Febrero veremos si Creed -con tremenda presencia negra, digo, afroamericana-, en el año de la nominaciones más blancas, se lleva su única nominación. La película transcenderá cuando Sylvester agarre la estatuilla dorada.

Si se la merece es otra historia, pero esta es su verdadera vuelta y su mejor despedida; porque seamos sinceros, hay mucha nostalgia en Rocky Balboa, el mejor amigo imaginario que Stallone nunca pudo tener, parafraseándole en los Globos de Oro. Pero recuerden que no ocurrió con El Luchador y Mickey Rourke, con el que debe compartir cirujano plástico y coincidió junto a Schwarzenegger en Los mercenarios, otro tipo de cine que deja KO.

En Creed todo vuelve, sin perder de vista aquello que gustó, pero el hijo de Apollo no llega ser el nuevo dios del ring, aunque triunfa con los guantes y pantalones nuevos. No gana la victoria, pero el combate es suyo. Y está estupendo repitiendo cada golpe de su padre a tamaño natural, en un plasma gigante vía YouTube.

Creed - La Leyenda de Rocky  Creed - La Leyenda de Rocky

Y luego están las mujeres; la chica, Tessa Thompson, que ilumina todo el film con su presencia y algo recuerda a Lisa Boney de El show de Bill Cosby. Y la madre, Phylicia Rashād, que no es la de Adonis pero ejerce como tal ya que fue fiel amante de Creed, como esposa de Cosby… Black Power.

Para terminar, apuntar esos combates muy bien rodados y a un ritmo perfecto. Y ese final… No digo más.

Rocky 6 – Creed 1. Ya veremos…

Creed - La Leyenda de Rocky

Mientras, ahí les dejo algo de Cinematé Vintage, que digamos; la última escena de Rocky III, con esos dos buenos amigos bailando entre las cuerdas y ese Eye of the tiger de fondo. Y después, James Brown en Rocky IV…. ¿Cómo se quedan?

Mariló C. Calvo

 

 

 

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