ASSASSIN’S CREED

Bienvenid@s a la hermandad 

 

Nunca he probado el videojuego de Ubisoft del que se nutre el film. Así que me acercaba a la proyección como ante una película cualesquiera de aventuras y acción, esperando entender de qué va el Credo de los Assassins, sin efectos que apabullaran y sin tener que recurrir a las instrucciones de la consola. Sin más. Pero intuyendo que estaría rodada con gusto y con un reparto que de por sí da ganas, bajo la dirección de Justin Kurzel que ya fascinó con su Macbeth el año pasado año, justo por estas fechas.
Y aunque los jugadores encontrarán mínimas diferencias con el Assassin’s Creed original, estos gamers disfrutarán de una película y más, si no caen en la trampa de querer emular la experiencia del videojuego con la cinematográfica; que la gran pantalla es otro lenguaje y si quisieran parecido al interactivo, está la versión en 3D, que no hace ninguna falta ni es necesaria.
El film se sostiene por sí mismo y te sostiene durante todo su metraje; como el Animus, esa herramienta con su novedoso modelo de brazo robótico, que aúna el presente y el pasado de esta fantástica historia sobre el libre albedrío.

Abstergo, una corporación científica de estudios genéticos intenta aislar el gen de la agresividad que se hereda por la sangre de generación en generación, reimplantando los recuerdos de antepasados. Dirigida por poderosos de este siglo, descendientes de peligrosos Templarios, que en tiempos de Cristobal Colón ya buscaban la fruta del Edén, aquella prohibida que otorga la libertad de elección; esa que protegen los Assassin’s aunque conlleve la violencia, caminando entre las sombras para servir a la luz. 
En dos tiempos y dos mundos, Michael Fassbender, Marion Cotillard y nuestro querido Javier Gutierrez, jugarán junto a otr@s y con nosotros, entre un pasado de época de Inquisición y un presente futurista con un bello Madrid de ciencia ficción y azoteas; como las de esa fantástica Sevilla a medio construir pero reconstruida en una auténtica maravilla digital, donde disfrutamos de los genuinos saltos del videojuego, tan característicos de la Hermandad de los Asesinos.

Tras el pase salgo creyente, a pesar de las criticas en su contra en su estreno americano. Investigo algunas sutilezas del videojuego por hermanarme más y descubro que el Animus primario era una camilla y que los cuchillos retráctiles que utilizan los Assassin’s como arma predilecta, amputan un dedo para su colocación; a lo que asistimos en el Juramento del inicio de la cinta con los Hermanos hablando en castellano, un acierto que se agradece, ya que estamos en España en 1492 -la acción en la saga de los videojuegos se desarrolla de 1476 a 1988-.

ASSASSINS CREED

Londres también aparece, al final, sin un clímax al uso que tampoco se requiere, porque Assassin’s apunta a trilogía o al menos, una continuación, después de esta primera adaptación libre; desde el breve guiño a los orígenes familiares del protagonista, de niño en Baja California, apuntando ya las maneras de Kurzel filmando las persecuciones entre tejados -en la bici del chaval al comienzo y en todos los saltos, sin croma, por la Giralda- y por supuesto las luchas, que vivimos no sólo cuerpo a cuerpo sino también las interiores.

ASSASSINS CREEDFassbender, un dos por uno que vale como diez, es Callum Lynch reviviendo los recuerdos de su antepasado Aguilar y La Cotillard, menos glamourosa que en Aliados, pero igual de estupenda. Ambos con una complicidad evidente y a punto de la lágrima, algo forzada, anticipando quizá la evolución de cada cual; pero tan buenos son, que crees toda emoción.

ASSASSINS CREEDJeremy Irons y Charlotte Rampling dan empaque a la producción aunque ya ni se esfuercen, que no es lo mismo que interpretar sin que apenas se note, como Brendan Gleeson que en una secuencia casi mínima, imprime la esencia de este Credo. Genial. Como Javier Gutierrez (quien nos contó de esta película cuando le entrevistamos por El olivo), impresionante Torquemada, que inunda de veracidad sus dos momentos -invocando a Dios y a la deseada manzana- con unos ojos poderosos y temerosos que pasan a incrédulos y fascinados, en un par de pestañeos. Brutal. (Igual que en Los últimos de Filipinas y como Franco en Lo que escondían sus ojos) 

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Y bajo alguna capucha de Assassins se encontrarán a Carlos Bardem, el hermanísimo que va haciéndose hueco poco a poco, trabajándoselo, mientras en Abstergo se toparán con Michael K. Williams que convence siempre, sea víctima o asesino…

Hermanos y Hermanas, esto acaba de empezar. Yo ya he dado el Salto de fe. Ustedes verán.

¿Jugamos?

 

Mariló C. Calvo 

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