Ariane Ascaride: Los actores somos como los cirujanos, indispensables

Robert Guédiguian y Ariane Ascaride, director, productor y guionista de las míticas Marius y Jeannette, La ciudad está tranquila o Las nieves del Kilimanjaro, y su musa, la actriz inseparable a la que conoció en la Universidad y con la que ha trabajado desde Último verano, la primera película que unió en el cine a este matrimonio, pasaron por Madrid para presentar su último trabajo, La casa junto al mar. Ambos les contaron a La Cronosfera y a otros medios cómo surgió la idea de rodar esta película y cómo es posible que sus títulos estén tan presentes en los festivales más importantes. Una lección a aprender por parte de nuestro cine.

Los cienastas en su visita a Madrid
Los cineastas en su visita a Madrid

Pregunta: Me llama mucho la atención el protagonismo del teatro en la película, ¿supone un escape, un renacimiento para el personaje de Ariane Ascaride, Angele?
Ariane Ascaride: Efectivamente, lo has entendido muy bien, es una escapatoria. Es una mujer que se ha construido a su alrededor una costra de sal, un caparazón, porque es una mujer que está destrozada por dentro e incluso le cuesta respirar la realidad. Y por lo tanto su escapatoria es poder interpretar. Los intérpretes, cuando están en el escenario o en el plató olvidan sus problemas. Y lo digo en serio: si estás en casa, con 40 de fiebre, no puedes moverte, pero si pisas el escenario, en ese momento, todo funciona, y cuando sales otra vez de allí, te vuelves a desmoronar. Para ella es su escapatoria, su forma de vivir. Porque además ella se siente tremendamente culpable.
P.: Su personaje es una actriz que vuelve a pensar su carrera por un suceso presente. ¿Usted también ha repensado su carrera habida cuenta de la situación cultural que se vive actualmente en Europa?
Ariane Ascaride.: Jamás, porque mi carrera no es una carrera. Yo no pienso en términos de carrera profesional sino en mi forma de vivir. Esta profesión es mi forma de ser, de respirar. Yo soy actriz como otros son fontaneros o cirujanos: somos indispensables. Ni más ni menos que los otros. Y no tengo narcisimo: para empezar hay que estar loca para pensar que va a haber gente que venga a verme a mí al teatro o al cine. Eso ya es una locura. Pero como sé que pasa, y es algo que entiendo, es por eso que no me apetece contar cualquier cosa.
P.: La película trata temas como el perdón, la familia, la reconciliación, ¿cuál es el que más les ha costado?
Robert Guédiguian: Creo que lo más difícil, en una película como esta es mantener el realismo y la parábola. Es un poco como intentar conciliar Brecht y Chéjov. Eran dos que no se tragaban. Se puede decir que Bretch construyó su teatro en contra de Chéjov para intentar fabricar mensaje, palabras clave, mientras que Chéjov, a la inversa, solo es la sugestión, el subtexto, lo que no se dice claramente. En teatro hay Naturalismo y Antinaturalismo y por lo tanto, en esta película, la película está cargada de conceptos, significados, mensajes. En el primer nivel seguimos las historias de los personajes, sus amores, desamores, sus perdones, sus culpabilidades, todo eso. Y eso, mantenerlo constantemente en la película, de principio a fin, es lo más difícil. Pero también lo más interesante. Y creo que además, cuanto más se consiga eso, mejor y más rica es la película. Y más divertida. Porque si alguien no ve tal mensaje hay una evolución de personajes que conmueve como historia. Por lo tanto la película tiene la posiblidad de tener éxito sin necesidad de que prime el mensaje.
P.: Ante todo La casa junto al mar es una película de personas, ¿cómo fue la contrucción de personajes y la relación entre ellos?
Robert Guédiguian.: Funciona a la vez. Se hace a la vez. A la hora de escribir el guion es una cosa novelesca. Creo que se fabrican los personajes, se definen y se escriben secuencias donde evolucionan solos. Cuando empiezas a escribir el guion lo planteas así, con tres personajes. Va poco a poco. En un caso como este, al principio eran personajes esquematizados que eran un muestrario, un sondeo de la sociedad. Hemos puesto tipos incorporando siempre un poco de locura. En tanto la idea es meter en este escenario el mundo entero.
Ariane Ascaride.: Es trabajo y el hecho de que todos durante el rodaje vivimos en la cala. Tanto los actores como los técnicos. Eso consiguió que nos apropiásemos del lugar. Era nuestro. Y como hace tanto tiempo que trabajamos juntos eso hace alcanzar una autenticidad y una verdad entre los personajes. Y lo más importante es que no se note, que parezca natural en el desarrollo.

Robert y Ariane Ascaride presentando UNA CASA JUNTO AL MAR
Robert y Ariane Ascaride presentado UNA CASA JUNTO AL MAR

P.: La película plantea muchas historias entre todos los personajes, ¿a partir de qué idea concreta nace La casa junto al mar?
Robert Guédiguian.: Es muy difícil contestar a una pregunta así, porque hay muchas más películas que no haría que las que me gustaría hacer. Entonces, tienes una infinidad de ideas que viven en tu cabeza y en un momento dado se decide, por razones a veces muy subjetivas y por lo tanto difíciles de definir, que mira, vamos a rodar toda la película en la cala. Llevo 20 ó 25 años en que cada invierno me digo a mí mismo: habría que hacer una película en invierno en esta cala. Cada invierno lo digo. A menudo, como no había nadie y estaba desierta, pensaba en que tenía que hacer algo con un asesinato, algo de suspense, tipo Hitchcock. Y ya que hago cine de autor, comprometido…
Ariane Ascaride.: No era Hitchcock (Risas)
Robert Guédiguian.: No hago películas de suspense pero sí películas con sorpresas. Luego, también está bien ponerse restricciones. Aquí, en este caso, dijimos: ni un solo plano fuera de la cala. Por ejemplo, ella habría podido llegar en un avión desde París, pero no, el taxi la deja en la cala. Vemos al taxi desde que entra en la cala, nada más. Nos hemos quedado dentro.
P.: Suele escribir historias con las que se identifica, o bien con los personajes o bien con la historia en sí, ¿cuál es el caso de esta película?
Robert Guédiguian.: Creo que con los tres hermanos. Los dos hermanos y la hermana. Quizá más en la forma con Joseph, Jean-Pierre Darroussin. Pero en el contenido con los tres. Los tres encarnan su voluntad de haber intentado lo mejor posible haber conservado y transmitido la cultura de sus padres.
P.: En la película vemos que hay tres hermanos y luego hay tres niños, ¿pretenden ser un reflejo de los hermanos en los niños cuando los hermanos eran pequeños?
Robert Guédiguian.: Sí y no. La idea de la niñez como inicio de nuestra vida sí, como niñez, pero en la realidad no, porque no será la misma niñez. Desde un punto de vista abstracto sí.
P.: Esta película estuvo en el festival de Venecia y de San Sebastián, Una historia de locos, su trabajo anterior, en el de Cannes. La mayoría de sus películas se estrenan en los festivales más importantes, ¿cuál es la clave para llegar a competir en ellos y durante tantos años?
Ariane Ascaride.: Porque es muy inteligente. (Risas)
Robert Guédiguian.: Todas las películas que hago las presento a los festivales y no me gusta que me digan que no. (Risas) Antes he tardado en entrar porque estaba al teléfono negociando una película que he producido con Cannes y Venecia. Los dos festivales a la vez, porque no estoy seguro de que Cannes la vaya a coger. Es una película (Lady Winsley) de un amigo kurdo que ya fue a Cannes hace cinco años y hace diez a Venecia. Este año, vamos a ver, pero de momento ya empezamos a atacar.

Silvia García Jerez

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