ANOMALISA de KAUFMAN

Voz y Vos 

 

Quiero ser la que camina bajo el sol cantaba Cyndi Lauper en Girls just want to have fun, todo un himno feminista y generacional en los ’80, extensible a todo bicho viviente angustiado por la realidad que le ha tocado -e insisto en bicho por aquello de indeterminado-. Como Charlie Kaufman, ese guionista inclasificable -y director de esta rareza fílmica- cuyas neurosis personales proyectadas en surrealistas mundos alternativos, tocan la conciencia contemporánea de todos.

En Anomalisa -su nueva película tras ocho años- Jennifer Jason Leigh es quien entona la estrofa pop con una voz que hace resquebrajarse al protagonista (David Thewlis) -de nuevo, un alter ego del original Kaufman-; un experto en atención a los clientes que cuanto más aconseja, menos empatía parece conservar. Porque todo le suena igual y le parece lo mismo; un murmullo existencial. Hasta que una noche en un hotel, conoce a Lisa, con quien compartirá deseo y canción.

Kaufman repite sus habituales preocupaciones -los recuerdos, la incomunicación, la soledad y las apariencias- pero le puede la nostalgia del (des)amor y la banalidad de la rutina en esta anomalía cinematográfica.

La amargura le sale más que el absurdo que suele practicar; llevándonos esta vez, a un guiñol del carnaval de la vida donde los títeres con visibles costurones, somos tanto los espectadores como los mismos personajes.
Y así esta Anomalisa que es de animación, permite que el reflejo en estos muñecos parezca más llevadero y menos brutal, aún profundizando igualmente en el reconocimiento del otro y en la máscara que hemos (o nos) han creado.

Anomalisa es una espectacular representación de la vida en stop motion, marcada por una prodigiosa vuelta de tuerca a la identidad, que paradójicamente resulta más real que aquellos universos laberínticos de Como ser John Malkovich, Olvídate de mi, Adaptation y Synecdoche, New York; donde el subconsciente manipulado del actor, la memoria selectiva de una pareja y las continúas crisis de creatividad de un autor (a escala real o ficticio), cuestionaban la propia condición humana.

Porque en Kaufman todo está en algún rincón de la mente y sus películas son auténticas terapias.
Pero a ésta le pesa el vacío vital y la melancolía más que en ninguno de sus anteriores films; ya fuera como guionista dirigido por Michel Gondry y Spike Jonze, o como realizador independiente.

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AnomaLisa es todo sonido. Y nos recuerda que la voz de cada uno es única, aunque se pierda en el rumor colectivo, olvidando acentos que ya no escuchamos ni distinguimos porque todo nos suena a un anuncio de televisión.

Y nos lo cuentan unas marionetas movidas fotograma a fotograma -magistralmente animadas por Duke Johnson-, como los hilos del destino van uniendo pequeños momentos según avanza la vida.

Anomalisa es una gran metáfora y una suma de detalles que no son por casualidad… Como que el prota sea reconocido por todos con los que se cruza porque ha escrito un best seller que mejora la productividad de las empresas y que tenga que dar una charla de motivación en una ciudad famosa por su chile picantón y su zoo de tamaño standard; o que decida citarse en ese hotel con una ex pero que termine con la peculiar y dulce Lisa, cantándole aquello de las chicas sólo quieren divertirse –antes de hacer el amor después de ocho años sin pareja-.

Son tan alucinantes todos los detalles que corremos el riesgo de quedarnos en ellos; la ducha en el baño, el hielo en la copa, la miradas y el vaho en el espejo… y el regalo del autómata japonés.

Anomalisa

Y si bien ya aparecían unas maravillosas marionetas en la de John Malkovich, éstas de Anomalisa fuman, beben y practican sexo con tal intimidad que dudas de verdad.

Y las preguntas que (se) plantean son más directas y muy humanas.

Por eso está nominada como mejor película de animación para adultos y por eso Del Revés, igual de intensa-mente, al considerarse infantil no llegar hasta las estatuillas doradas de este año. Inexplicable.

Anomalisa

Quizá en Anomalisa, si fueran los intérpretes de carne y hueso, sería un dramón casi convencional de usos y costumbres en la asfixiante cotidianidad; y no lo aguantaríamos -como si Birdman, no acabara con los ojos soñadores de Emma Stone, sería un bajón de película y se rompería la fábula-

Anomalisa acierta con la animación que eleva el discurso filosófico, para entender que todo comienza a no tener sentido y se nos va cayendo la careta día a día, con la certeza del absurdo.

Advierto que esta historia de amor para paliar el hartazgo de la vida -que originalmente fueron lecturas dramatizadas- te deja algo inmóvil tras su visionado, surgiendo la magia a posteriori; porque a veces, es más fácil ver el resplandor que la propia luz.

Anomalisa                          Anomalisa

Mariló C. Calvo

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