50 sombras liberadas: los auténticos liberados son los espectadores

La desgastada fórmula de esta trilogía erótica, adaptada de las novelas de E. L. James, llega a límites insospechados del absurdo y el ridículo más absoluto con esta última entrega, 50 sombras liberadas.

Si bien la primera película se erigía como una obra efectiva y correcta, dentro de lo que supone las limitaciones literarias de la novela en cuestión, ésta última parte (¡gracias a Dios!), se presenta como una serie de eventos muy desafortunados donde director James Foley, intenta unificar con desastrosos resultados.

Este director estadounidense que ha sobresalido en los últimos años en la galardonada serie de televisión House of Cards, intenta por todos los medios dar forma y sentido a la película. El también responsable de la película Fear (1996), tomó el mando a partir de la segunda parte, 50 sombras más oscuras, porque la directora de la primera, Sam Taylor-Johnson, abandonó el proyecto al verse inmersa en las constantes demandas de cambios en su trabajo por parte de la autora del libro. Taylor Johnson decidió abandonar el plató y renunció, de forma definitiva, a dirigir lo que quedaba por contar.

Foley, por su parte, creemos que aceptó el relevo más bien por una cuestión monetaria que por las ansias de ser reconocido por este trabajo.

La historia

Este filme que cierra la historia de amor entre Ana Steele y Christian Grey con un compromiso para toda la vida, no es más que un cúmulo de situaciones, cada una más absurda que la anterior, que se quedan en el aire porque no se resuelven de manera contundente, es decir, somos testigos de una narración a llena de pequeños relatos amontonados en los 105 minutos de duración. Bodas, allanamientos de morada, sexo desenfrenado –por llamarlo de algún modo- con muy poco contenido sado y, además de todo, un increíble secuestro, dan como resultado una cinta completamente prescindible para cualquier público que se precie.

Rita Ora.

Este conjunto de –muchas- situaciones está aderezada por mediocres actuaciones por parte del elenco que acompaña a los protagonistas que se advierten aliviados al poder deshacerse, por fin, de este compromiso fílmico que parecía interminable.

Por otra parte, conforme pasan los minutos de este relato erótico, resulta difícil dejar de notar los constantes anuncios de productos, un coche, un modelo de teléfono móvil, aparatos para darnos placer. Llega el momento en que nos parece que, dentro del mismo visionado, se nos ha colado, sin quererlo, un anuncio de alguno de estos objetos de consumo, pero no es así, todo es intencionado.

Además, se echa en falta uno de los objetivos iniciales por lo que esta trilogía se hizo tan famosa en todo el mundo, hablamos del sadomasoquismo. Es verdad que durante el metraje presenciamos bastantes escenas subidas de tono, pero, al parecer, solo se trata de meras relaciones sexuales recurrentes entre una pareja bien, lejos quedan las sesiones de azotes, nerviosismo, sumisión, es decir, se pierde la esencia de la historia de estos dos personajes.

Lo positivo

Entre tanto agravio, podemos destacar una secuencia que se antoja como fundamental en la narración, cuando Christian Grey se revela no solo como un gran pianista, cualidad que ya le conocíamos, sino también como un solvente cantante, ante la mirada atónita de las amistades de Anastasia, en una improvisado fin de semana en Aspen, sin nieve. Humor involuntario dentro del despropósito que supone esta historia que desató, casi sin querer, sonoras carcajadas del (ya escaso) público asistente, considerando que solo han pasado dos semana desde su estreno.

Lo que no podemos dejar de destacar es la actuación de Dakota Johnson, porque intenta, dentro de todo, mantenerse fiel al personaje de Ana, ingenua, resuelta, inteligente, pero sobre todo muy enamorada de Christian. No se traiciona en ningún momento.

Otro de los pocos aciertos de 50 sombras liberadas es la banda sonora. Rita Ora, quien esperemos que continúe con su carrera musical, o Sia, acompañan la narración de forma efectiva, aunque en algunos momentos se intente que la música cubra los múltiples errores narrativos. En ocasiones se logra.

Esperamos que, de verdad, sea el final de los finales para esta narración y no nos quieran sorprender, en un futuro próximo, con la adaptación de la trilogía dedicada de lleno a Christian Grey, porque creemos que ya fue suficiente.

Karina Tiznado.

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